Diario de León

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Hacer la rosca al santo

León. Le han hecho rosquillas y torta al santo famoso por su nariz . Delicado tributo a quien goza de devoción popular. Dulces por San Froilán que son también costumbre. Masa divina hecha en una de las confiterías míticas de León, Asturias . z? susana vergara pedreira

Arriba, Ana, el alma de la Confitería Asturias, y César, su gran chocolatero, en el obrador. Son la segunda generación de confiteros, los ‘herederos de César y Piana. Sobre estas líneas, trabajando las rosquillas

Arriba, Ana, el alma de la Confitería Asturias, y César, su gran chocolatero, en el obrador. Son la segunda generación de confiteros, los ‘herederos de César y Piana. Sobre estas líneas, trabajando las rosquillas

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El mismísimo lugar de la tentación es el obrador de la Confitería Asturias. Un trajín de bandejas con todas las delicias del cielo. Y, entre todas, las dedicadas al santo, a Froilán. Tiene que redimir probar sus rosquillas. No pueden ser pecado. Y aunque no llevan ‘perdones’, perdonaría el santo igual pues además de divinas están hechas con devoción.

Empezó la tradición César García padre. La receta se la confió otro pionero de la repostería leonesa, Santiago Pérez, maestro de maestros, el gran confitero de La Coyantina, la mítica pastelería de la calle Ordoño, hoy desaparecida. La pastelería, no la avenida.

Dice César padre que no tienen secreto. Quizá. Será porque la gloria suele estar en lo sencillo. Leche, mantequilla, huevos, ron, harina y sal. Ya está, asegura. Pero se adivinan muchas horas de experiencia en esa fórmula mágica que se funde en la boca y lleva directo al paraíso. Eso y la calidad de los productos. Basta con echar un vistazo al inmaculado almacén. Perfectamente alineado el aceite puro de oliva, el Havana 3 y 5, la vainilla del sudeste asiático a 300 euros el kilo, los chocolates Valrhona...

Rosquillas de San Froilán las hacen ahora en todo León. Las de la Confitería Asturias son pequeñas y doradas. Como un halo de santidad. Tan delicado bocado que hay que darle un golpe de frío para que no se deshagan entre la mano y la sartén. Y luego otro de calor con aceite de oliva para que doren por fuera y sean por dentro de pura mantequilla.

En el obrador, bandeja va, bandeja viene, César padre ha dejado paso a dos de sus cinco hijos. César, un exquisito chocolatero que tendría renombre internacional si doblegara su timidez, capaz de hacer casi lo imposible, maridar un vino blanco con chocolate, y Ana, que ha heredado de su madre, Piana Rodríguez, el talento para ser el alma de la ‘Asturiana’, que así se conoce en la ciudad a la pastelería. Ellos han añadido a la masa original, mezcla de inspiración y técnica familiar, el talento. Son levadura.

Cómo se hacen las rosquillas de la Asturiana lo resume César hijo en una frase que contiene sabiduría: «A gusto del pastelero... si tiene gusto». Mucho, a tenor de lo que les piden sus clientes. Este año, unos 500 kilos de rosquillas.

San Froilán, el de la nariz, también tiene torta. Una masa de brioche con levadura natural cubierta de gel de avellana. Lleva esta ‘perdones’, el nombre de las avellanas de esta tierra, por si fuera ofensa al cielo hacer dos delicias para un mismo bendito hombre.

Y qué decir de los panetones, de los hojaldres, de la bollería francesa, de las torrijas, de los ‘Genarines’ y los mouses...

Una masa hecha placer. No merece condena. Le gustarían al santo. A Froilán.

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