Diario de León

Los garbanzos que extasiaron a un escritor americano

Irene Alegría en la vieja cocina de La Peseta.

Irene Alegría en la vieja cocina de La Peseta.

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León

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La receta de Irene era sencilla. Y las cuentas que echaba, también. «Los garbanzos los pongo a remojo dos días en agua fría con sal. Los cuezo despacio, a fuego lento, y cuando están listos los pongo con jamón salado, tres clases distintas de chorizo caliente, patatas y repollo, y los dejo así, estofándose, ocho horas. El obrero, que tiene poco dinero, no come más que un plato, garbanzos con carne y verdura, pero el que es rico como un norteamericano puede tomar los garbanzos solos, sin nada, y le cobró lo mismo por ellos que si tuvieran carne».

Así, con ese desparpajo, se lo contó al escritor y novelista norteamericano James A. Michener y así lo recogió él en su libro Iberia , una guía por España y sus costumbres que fue casi un ‘best seller’ en Estados Unidos y que trajo a multitud de viajeros a Astorga en busca de aquel plato que degustó en La Peseta. «Si don Luis me hubiera dicho entonces que en aquella ciudad iba a verme ante la mejor comida que hice jamás en España, me habría echado a reír», dejó escrito. Dos Luis era su acompañante, Luis Morenes y Areces, marqués de Bassecourt. Fue él quien le llevó hasta La Peseta. «Hay un pequeño local propiedad de una mujer cuyo marido ayuda en la cocina; allí nos darán algo decente de comer». No se equivocaron. Irene Alegría se lo había advertido al entrar en el comedor. «No olvidará usted en su vida lo que va a comer ahora». Michener no lo olvidó. Tampoco sus fieles lectores, que aún ahora siguen llegando a Astorga y pidiendo aquel guiso exquisito.

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