LA RUTA
Historia en las rocas
Recorrido entre las cuevas con las pinturas rupestres de Sésamo y el castro de Peña Piñera, en el municipio berciano de Vega de Espinareda, la fortificación prerromana de mayor longitud de toda la provincia.

Muralla del castro Piñera, en el municipio de Vega de Espinareda.
Quién sabe por qué escogieron ese lugar. Quizá porque la peña de cuarzo se levanta imponente y qué lugar mejor para encomendarse a los dioses. Quizá porque da abrigo a todos los vientos y el vendaval se convierte allí en susurro. Algo debe de tener este farfallón que atrajo desde siempre al hombre. Desde que hay historia y desde mucho antes. Dejaron allí muestra de sus preocupaciones convertidas en arte rupestre, pigmento sobre roca para la eternidad.
Son las cuevas de Sésamo y su arte esquemático, representaciones antropomórficas trazadas del 2.000 al 5.000 aC. Un círculo a modo de cabeza, unas rectas para las extremidades. El comienzo de todo. El gran misterio.
Bajo la peña, mucho después, otros hombres, otra era, otra cultura, levantaron un castro como morada. Piedras para proteger la vida, anclada a 1.07 metros sobre el nivel del mar. Lo fortificaron, para protegerse de todo y también del miedo, y construyeron la mayor muralla defensiva prerromana de León.
Más de dos kilómetros de longitud, casi catorce hectáreas. Quizá el reflejo de tiempos difíciles, de guerras y hambrunas, del empeño entre la conquista y la resistencia, de las batallas entre astures y romanos en nombre del césar, el oro y el poder.
Tan a salvo está que ha permanecido oculto durante largas décadas. Llegar hasta allí exige un pequeño esfuerzo y dos horas de caminata salvo que los tiempos modernos pongan a disposición del visitante un todo terreno.
El paseo hasta las cuevas de Sésamo es más accesible y una pequeña senda conduce hasta el santuario del arte rupestre.
Todo al amparo de la peña Piñera, el santuario de aquellos primero hombres.