Sencillo pero contundente, y entre muy buena compañía

El entrecuesto no es sino el espinazo del cerdo, adobado y cocido, huesos con su médula y carne adherida que tradicionalmente se servía con un caldo de berzas de asa de cántaro acompañado de patatas y chorizo en días señalados o en las casas más pudientes. Un plato sencillo y castizo pero muy energético que en manos de estos dos ases de la cocina tradicional se convierte en todo un símbolo, un ritual anual, un encuentro amigable y un pretexto para hablar de cómo puede León renovar y poner en valor sus inmensas potencialidades gastronómicas. Cada uno de una ‘Quintanilla’ leonesa (él, de Somoza, y ella, de Babia), Fito y Mariajo han sabido conservar el auténtico sabor sesentero del viejo bar Valladolid para hacerlo altar de delicias rescatadas en arcones y memorias. Y es que la decoración del local también resulta muy atractiva, con todo tipo de objetos, anuncios, carteles y publicidades que aluden a productos antaño famosos (alguno todavía lo sigue siendo), aunando lo actual con ese aroma de cantina de barrio que tuvo siempre. En estas décimas jornadas, además, el Somoza ha contado con la colaboración de las bodegas Ábrego, Vitalis, Meoriga, Merayo y Vinos del Bierzo; y de Zerep, Me Tonic y las galletas de hierro de La Nueva Fábrica.