Susana Vergara Pedreira
El latido de la cueva
Es una aventura bajo control. Desde 1993, los guías de la empresa leonesa Guheko conducen a una maravilla natural que sigue el curso del río bajo la cueva de Valporquero. Cuatro horas de recorrido, entre el barranquismo y la espeleología, para una actividad que no necesita experiencia previa, sólo un nivel físico adecuado y ganas de disfrutar de una experiencia única. Guheko facilita al aventurero todo el material técnico necesario: traje de neopreno, chaleco, escarpines, arnés, descendedor, seguro de asistencia y un casco con una potente iluminación Led. Dos guías acompañan al grupo durante el recorrido, incluidos los traslados desde Vegacervera a Valporquero para que no haya que mover los coches. La experiencia de recorrer el cauce del río subterráneo la ha vivido con Guheko el aventurero leonés Jesús Calleja, que grabó allí uno de sus programas del ‘Desafío Extremo’, y Ana Duato para el programa ‘Un País para Comérselo’.
fotógrafo
Hace un millón de años, un curso de agua disolvió las rocas, horadó la tierra y se coló entre grietas y rendijas. Luego, el río se sumergió en el corazón de la montaña. Mientras el hombre comenzaba a caminar por la superficie, la furia del arroyo construyó su refugio subterráneo y se precipitó por él en forma de saltos, lagos y cascadas. Después, salió más amansado a la superficie.
Sucedió en Valporquero. A 45 kilómetros de León. A 1.309 metros de altitud. Bajo el pueblo de Valporquero de Torío. Miles de años después, una inmensa boca se abre al interior de la tierra para desvelar un paraíso de belleza en total oscuridad, labrado gota a gota durante miles de años. Pero por debajo de sus salas con bellísimas estalactitas y sorprendentes estalagmitas, bajo una inmensa obra de arte hecha por la naturaleza, late aún indómito el río primitivo.
Está ahí, a la espera, en un punto donde se abandona el camino turístico, se encienden las luces de los cascos y empieza la aventura.
Es la llamada de la cueva. En los últimos quince años, 25.000 personas han sucumbido a ella. Se han sumergido en el curso de agua que se ha abierto paso entre la montaña formando una gran garganta subterránea, han vadeado lagunas interiores, se han deslizado por toboganes naturales y han descendido sus cascadas siguiendo el viaje del agua hasta el centro de la tierra.
Después, el río y ellos, los aventureros, salen por una cueva escondida en medio de un bosque de hayas y desembocan en el Torío a través de un desfiladero con dos cascadas que dan al paisaje un aire tropical.
Sucede en Valporquero. Ahora mismo. En pleno León.