Diario de León

FINCA LA CUESTA

El TINTO DE LADERA

«Una ladera nunca falla. Siempre es buena porque está abrigada». ‘Finca la Cuesta’, que brota de las pendientes y revela en su nombre esa condición, es el tinto más inquietante de Luna Beberide. Fresco, ligero y frutal. Un punto arcilloso y otro mineral lo equilibran.

Publicado por
RAFAEL BLANCO
León

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Mathieu Barrauld es un enólogo francés enamorado del Bierzo. Llegó para hacerse cargo del viñedo de Paixar y ahora conoce como la palma de la mano no sólo el de Dragonte, sino también el de Villafranca. Allí, en Valdetruchas, tiene su patrimonio vitícola Luna Beberide, la bodega de los blancos que fascina con sus nuevos tintos. Finca la Cuesta es, de los tres —joven y un crianza de autor abren y cierran la serie en una oferta muy medida y racional—, el que representa el equilibrio. De las tierras más arcillosas nace el joven y de las más altas y, por tanto más minerales, el Art . En las laderas se forja este crianza de nuevo cuño. «Son tierras arcillosas, pero con bastantes piedras que las hacen filtrantes y oxigenadas. No quedan humedades aunque llueva mucho, no se estanca el agua, reciben buen sol y se ventilan muy bien. Nunca hay excesos».

Con ese trabajo hecho voluntariamente por el viñedo y tras la vendimia manual y la selección en mesa, al equipo técnico de Barrauld no le queda mucha labor que hacer en bodega: «Maceración prefermentativa sin raspón, que siempre es una opción en ocasiones especiales porque aporta verdor. No es que yo esté a favor ni en contra. Y una maceración corta, de entre siete y diez días. No necesitamos más extracción porque la da la viña y, si la alargas, pierdes frescor y eso es lo que hay que conservar por encima de todo».

Sí descubre el enólogo que en añadas como el 2011, a la que corresponde el Finca la Cuesta que llega al mercado con nueva y muy atractiva presentación visual, «es interesante una pequeña aportación, no más del 2%, de uva blanca para ganar un punto de acidez». Es un «toque personal», admite, porque «creo que es bueno que cada uno tenga su estilo y en la variedad y el carácter del vino el cliente decida».

Tras ese breve periodo de maceración y fermentación el líquido pasa a otros depósitos para hacer la maloláctica en un trasiego «que permita hacer una buena decantación sin obsesionarse, porque va a barricas y ahí clarifica bien».

El roble, siempre francés y de tostados medios, es de hasta ocho tonelerías distintas. «Cada una aporta una cualidad y siempre es complementaria», afirma. Un nuevo paso a depósitos tras 14 meses de reposo homogeneiza y afina.

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