Diario de León

pablo rioja barrocal

reiventando cerezales

Plazas, calles, ermitas o parajes antes abandonados de Cerezales del Condado resurgen de sus cenizas cual ave Fénix auspiciados por la desinteresada labor de Antonino Fernández. Un filántropo amante de su tierra que en el 2009 daba vida a la Fundación Cerezales Antonino Y Cinia, una de las apuestas por la cultura ‘para todos’ más ambiciosas y con mayor éxito de la provincia. Hoy, el pueblo vive un renacer turístico que parece no tener límites

Cerezales del Condado se ha convertido en uno de los pueblos que más apuesta por el turismo cultural.

Cerezales del Condado se ha convertido en uno de los pueblos que más apuesta por el turismo cultural.

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pablo rioja barrocal
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Poco le falta ya a Cerezales del Condado —antes Cerezales de Rueda— para acuñar a su histórico nombre el apellido ‘Antonino Fernández’ o quizá para encontrar el digno conde que andaba buscando. Aunque el hoy presidente honorífico del Grupo Modelo e ilustre vecino del pueblo no ansía mayor gloria que la de contemplar, desde el silencio y la pausa de un paseo mañanero, una cuna que en los últimos años no se cansa de renacer.

Todo un ‘reinventarse y vivir’ auspiciado en gran medida por este particular mecenas que alcanzó su punto más álgido en el 2009 merced a la puesta en marcha de la Fundación Cerezales Antonino Y Cinia. Piedra angular del nuevo Cerezales orientada al desarrollo del territorio y a la transferencia de conocimiento a la sociedad mediante dos vías de acción: la producción cultural y la etnoeducación.

Pero, antes de proseguir, conviene diferenciar entre la fundación, de carácter privado, y el resto de actuaciones que han contribuido a la meteórica reconversión de Cerezales. Un lavado de cara «necesario y de envidiar», como asegura el presidente de la Junta Vecinal, Maximino Sánchez. «Gracias a la mano de Antonino y al esfuerzo de vecinos y trabajadores tenemos un pueblo más limpio, cuidado, acogedor y donde prima la cultura», puntualiza.

En muy poco tiempo «se han arreglado plazas, calles, ermitas, se han construido dos depósitos de agua o se ha transformado un antiguo reguero que circulaba por el pueblo en un bonito paraje presidido por majestuosos cipreses, entre otras muchas cosas», recuerda un Sánchez que agradece —«al igual que la mayor parte de los habitantes de la zona»— la desinteresada labor de Antonino.

Por su parte, la Fundación Cerezales y su incansable labor por fomentar la cultura tienen ‘gran culpa’ de que cada vez más turistas se acerquen hasta el margen derecho del río Porma para participar o simplemente disfrutar con las múltiples actividades que organizan durante todo el año para grandes y pequeños. Conciertos, talleres temáticos, carreras de orientación, exposiciones, cine o conferencias forman parte de su día a día. Mañana mismo, por ejemplo, presentan su primera publicación en papel: un libro sobre el proyecto Territorio archivo, tras cuatro años de trabajo.

El ejemplar, una edición con imágenes en alta calidad y bilingüe, recoge la dinámica de trabajo y estudia las fotografías recogidas desde el 2011, gracias a un proyecto de lectura del territorio en el que se encuentra la fundación y que hizo partícipes a casi 50 vecinos de seis pueblos de la zona, convirtiéndoles en conservadores domésticos del archivo. La actual sede de la fundación —antiguas escuelas del pueblo recuperadas para la ocasión— pronto cederá el testigo a un nuevo emplazamiento ecológico, inteligente, integrado en el entorno y sobre todo; más grande. «Una obra que pretenden inaugurar en diciembre de 2015», según confirma el propio Maximino Sánchez.

Pocas veces uno es profesta en su tierra. Antonino lo es. Lo mejor de todo es toparse con él, compartir una distendida charla y pasear por su amado Cerezales sin hora que marque ningún reloj y eso sí, una buena cerveza en la mano.

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