De viaje a
La Virgen del Camino
En romería llegarán los leoneses el domingo. Como le sucedió en vida, seguido por miles. Lo harán para cumplir el ritual más leonés de todos, en el día más leonés del año. Es San Froilán

A la derecha, el San Froilán labrado en bronce por Subirach al que se le toca tres veces las narices para ver cumplido un deseo. La portada de la basílica de La Virgen del Camino, esculpida también por el maestro José María Subirach, la imagen venerada de
Ya nadie sabe de dónde salió la costumbre de tocar las narices al santo pero el gesto es tradición. El 5 de octubre, su fiesta, el Froilán espigado y asceta, con báculo de obispo y espíritu de santidad, concebido para León por el gran Subirach, aguarda a sus fieles cincelado en su puerta, en la entrada sur de la Basílica de La Virgen del Camino, con el cartílago de bronce levemente desgasto y el sol de la tarde de lleno, sacando miles de reflejos, iluminando su figura como dicen que le pasaba.
A Froilán el eremita, qué cosas, nunca le dejaron solo. En romería le siguieron en vida, por miles se contaban los fieles, en romería le siguen ahora.
Es obligada la visita este domingo a La Virgen del Camino. Una cita reverenciada con la historia de León. Irán a pie, cinco kilómetros de peregrinaje. Llegarán en carretas, como se hizo siempre hasta que la vida se volvió deprisa. Acudirán en coche, y su penitencia será encontrar un lugar para aparcar. Pero allí estarán. Vestidos de leoneses tradicionales o de ‘calle’. Pero no faltarán.
Hay que cumplir con el viejo rito. Tirar tres veces de la nariz de San Froilán en la puerta lateral so pena de que no se conceda el deseo, besar el manto de la Virgen del Camino, la patrona de la Región leonesa y pedirle, por qué no, a ella también, y comprar los ‘perdones’. Que cuenta la tradición que los mozos llevaban a sus novias un puñado de buenas avellanas compradas en el mercado del santo para hacerse perdonar por llegar tarde de la romería y quién sabe qué mas, que los pecados son secreto de confesión.
Dicen que ahora empieza a ser costumbre, a saber si acaba también en tradición, hacerse selfis con la efigie del santo que veneró León. Tiempos modernos en la vieja cita.
Tanto adora León a Froilán, que ha desplazado a Marcelo, el santo centurión romano protector de la ciudad, como ‘apóstol’ oficial.
Es fiesta grande el domingo en La Virgen, el pueblo que alberga el santuario de la patrona. Un buen día para llegarse hasta allí y cumplir el ritual más leonés de todos en el día más leonés del año. Y dejarse ‘perdonar’ indulgentemente con las delicias que se cocinan a fuego lento desde siempre en esta tierra, rendida cada 5 de octubre al santón solitario que nunca estuvo solo, en cuyo honor se celebra una ancestral romería.