FLOR DE BREZO MENCÍA
En el punto de equilibrio
Un vino fácil de beber en el que se impongan las virtudes de la variedad y que sea perfectamente identificable y reconocible como un mencía muy representa- tivo del Bierzo. ‘Flor de Brezo’ es, por equilibrio general, el vino de referencia de Mengoba y el centro sobre el que gravita la actividad vitivinícola de Grégory Pérez.
R epresenta el mencía en su más libre expresión, incluso en la asociación de una aportación varietal (15% de Garnacha Tintorera) que la enriquece y resalta sus bondades. De las viñas que fascinaron a Grégory Pérez en Espanillo, en los confines del vino berciano, brota la materia prima de este tinto sin más calificaciones (es la mención que lleva en la contraetiqueta) que fermenta en dos tinas troncocónicas de madera de 5.000 litros de capacidad en las que permanece entre seis y ocho meses —«lo que pida el vino», explica su autor— antes de descansar en botella para ponerlo en el mercado. El Flor de Brezo es, con una sutil presencia de madera, un tinto sencillo, sin más ni menos pretensiones que ser «muy comercial» y «capaz de ser bebido y entendido por todos los públicos». «Nada que ver con el Mongoba blanco, que es un vino expresamente ideado para consumidores muy entendidos. Son, en ese sentido, polos opuestos en la oferta de la bodega», defiende vigneron et vinificateur de origen francés, formado allí y hoy ya un berciano más.
En realidad un berciano de referencia en el mundo del vino, acreditado no sólo por la calidad y singularidad de sus elaboraciones, sino sobre todo por el reconocimiento del público y también de la crítica especializada de mayor crédito internacional. Las últimas calificaciones de Robert Parker, con 89+ puntos para el Brezo tinto y seis vinos entre los 90 y los 94, dispararon el interés por el catálogo de la bodega de San Juan de Carracedo, pero para nada mueven al autor de sus personales convicciones en cuanto a la elaboración, comercialización y dimensión de su proyecto, perfectamente consolidado a los ocho años de haber sido ideado. Y sin pretensiones de crecer por crecer.
«Las puntuaciones colapsaron las peticiones la misma noche en que se conocieron. Pero es un éxito y sobre todo un riesgo que hay que dosificar, porque si al año siguiente no son las mismas, nadie se acuerda de ti», dice Grégory Pérez en defensa también de la lealtad de sus clientes de antes y de ahora, pero que también habrán de serlo después. «Los reconocimientos están bien —afirma—, pero hay que ser sensatos, defender el modelo de proyecto y crecer sólo en la medida que puedas asumirlo no sólo financieramente, sino sobre todo en la viña y en la bodega».