Diario de León

CEPAS VIEJAS

El bierzo universal

Hizo marca de su propia marca hasta el punto de que un mencía no era un mencía ni un bierzo era tal sin esa mención: ‘Cepas Viejas’ lo era todo. Y sigue siéndolo. El buque insignia de Dominio de Tares desde el 2000 es el mencía y el bierzo más universal. Un tinto de libro.

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rafael blanco
León

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Una genial operación de márketing en la primera década del siglo que nos ha tocado vivir y mucho trabajo en la calle convirtieron al Cepas Viejas en el tinto más popular en el Bierzo, un vino que prestigiaba al que lo pedía... y también al que lo servía. Quince años despué de la primera elaboración el vino de referencia de la bodega de San Román de Bembibre sigue siendo el bierzo más comercial y sin duda también el más universal.

Pero sobre todo es una manera de entender y hacer el vino en Dominio de Tares. «Es el niño mimado de de la bodega porque es el que nos da más alegrías», afirma Rafael Somonte, ahora el frente de la responsabilidad técnica en los tres proyectos del grupo. Y es que, pese a la crisis que azota con especial inquina al sector, el Cepas Viejas «no sólo vende volumen, sino que además lo hace a buen precio».

En el perfil técnico que define su proceso de elaboración es un mencía 100% de viñedos en vaso de entre 60 y 70 años ubicados en Valtuille de Abajo y Parandones, muy concretamente de la zona de Cabanelas, de cepaje propio de la sociedad y de otros muchos viticultores de largo compromiso con la bodega. Vendimia manual en cajas, selección también en cinta, despalillado sin estrujado, paso por el intercambiador de calor para que la pasta llegue al depósito más fresca y fermentación voluntaria inicialmente con tres remontados diarios en un proceso de cuatro semanas de duración, la última de maceración posfermentativa. Y luego nueve meses en barricas, de las que el 65% son nuevas

—seis de cada diez de roble francés y cuatro de americano— con extrema prudencia para que la madera no tenga peso en el resultado final.

Y ese resultado, en la definición de quien lo defiende, es «un vino maduro y con cierta concentración como respuesta a un perfil muy definido que se trabaja más pensando en el consumidor que en la crítica». Ese mismo argumento lleva a la bodega a mantenerse fiel a sus principios y al margen de modas que potencian la acidez y buscan tintos más ligeros, incluso con presencia de raspón en el proceso de vinificación. «Nosotros apostamos por la coherencia frente a esas modas y avanzamos en la idea de quitar madera para que la variedad exprese todo su potencial aromático y gustativo», afirma Somonte en un cabal ejercicio técnico de madurez y equilibrio.

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