Pardevalles Albarín
FANTASÍA EN blanco
«Es el blanco perfecto. Lo tiene todo: acidez, estructura y alto contenido glicérico. Y muy parecido a los grandes blancos gallegos». Rafael Alonso Santos, que lidera el trabajo técnico en el proyecto Pardevalles, es desde hace años el más firme defensor de la Albarín: «Es genial y da unos vinos fantásticos... pero todavía sin reconocimiento».
Pardevalles elaboró el primer monovarietal de Albarín en 2009. Previamente había renunciado al Verdejo, una variedad que, por excesivamente generaliza, se ha vulgarizado en exceso y sobre la que además tienen ventaja en todos los sentidos otras zonas de producción próximas. En una decisión calculada a la que se llegó con plena convicción por parte de todo el equipo, la bodega cerró su valiente apuesta por las dos variedades autóctonas. Arrancó aquellas cepas y plantó tres hectáreas de Albarín, que son las que sustentan la producción actual del blanco de la empresa familiar de Valdevimbre. El año pasado se extendió el varietal sobre cuatro hectáreas más y en las próximas semanas enraizarán las varas en otras dos. Con un total de nueve hectáreas a pleno rendimiento en un horizonte temporal de cinco años, Pardevalles podrá triplicar la producción de una vinífera cuya demanda se generaliza y por la que ya apuestan casi una de cada tres bodegas de la denominación de origen Tierra de León.
«Es una variedad superaromática y muy diferente a todas las blancas conocidas, algo muy importante para nosotros porque supone singularidad y exclusividad. Es potentísima en nariz y con alta intensidad de expresión. Pero al mismo tiempo es sedosa y sutil en boca, con acidez, estructura y buen contenido glicérico que hace que los vinos sean muy bebibles. Es la uva perfecta para un blanco perfecto», defiende Alonso Santos, que sin embargo lamenta la falta de reconocimiento por parte de la crítica y el mercado, sin duda alguna por desconocimiento.
«Tenemos que reivindicar y ganar el mercado leonés. Y esa es una labor en la que tenemos que implicarnos los bodegueros, el consejo regulador y los profesionales de la hostelería. Y eso no sólo para los blancos, sino también para los rosados, sin duda los mejores que hay en el mercado, y los tintos, con un gran potencial de desarrollo», afirma Rafael Alonso, el primero de una nueva generación —cuatro hijos de los tres socios y hermanos— que ya tira con fuerza del proyecto familiar.
«Es complicado llegar con el albarín al cliente final. Nosotros hemos trabajado mucho en ese sentido y el resultado es que con el de 2013 crecimos un 25% sobre el del año anterior y este año pondremos en el mercado 60.000 botellas», dice, aunque en realidad serán 2.000 más, porque la bodega prepara ya el lanzamiento de un segundo blanco seco de una línea superior, Carroléon Albarín, que está terminando de madurar en barricas de roble francés en las que ha permanecido durante cinco meses.