Diario de León

El varal de Don Antonio

La fobia que de pequeño le tenía al trabajo en el campo pronto se transformó en pasión. Pese a dedicarse a la enseñanza, nunca dejó de ser labrador y hoy, ya jubilado, gestiona una colección museográfica única en el Bierzo. Antonio Sernández ha creado de la nada un museo con 700 útiles y aperos de labranza que dan cuenta de la historia y la transformación del sector agropecuario en la comarca.

Publicado por
MARÍA J. ALONSO
León

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Hace una década que Antonio Sernández, un vecino de Carracedo del Monasterio (Carracedelo), labrador y maestro jubilado, decidió convertir el contorno de su vivienda familiar en un museo que ya ocupa más de 600 metros cuadrados y otorga un lugar especial a cada una de las 700 piezas que integran su particular colección de labranza berciana.

El Varal —así se llama este espacio museístico ubicado en el número 14 de la calle La Calexiña— «es un fiel reflejo de cómo era la vida en Carracedo del Monasterio y, por extensión, en cualquier pueblo del Bierzo, ya que en él aparecen la mayoría de los útiles agrícolas utilizados en los años 40 y 50 del siglo pasado», explica su promotor, un hombre amante del campo que, a sus 72 años, contempla con orgullo y cierta nostalgia lo que ha conseguido levantar, transformando su sueño en una realidad sin la ayuda de nadie, más que la de esos vecinos que al conocer su proyecto le han cedido alguna pieza, de la que, dicho sea de paso, nunca pierden la propiedad.

Este escenario de oda al agro que tanta fobia le produjo en la niñez —Antonio Sernández recuerda como con tan sólo diez años rechistaba cada vez que su padre lo mandaba con las vacas o a atender la plantación de tabaco— se agrupa en catorce rincones. Cada uno está dedicado a una actividad concreta e integrado por un sinfín de reliquias casi imposibles de encontrar hoy en día y de las que difícilmente los más jóvenes conocen su utilidad si el maestro labrador —ejerció como profesor durante 44 años pero en todo este tiempo nunca abandono la faceta de agricultor—no les cuenta su historia. Hay un rincón agrícola, no falta el de la elaboración del pan, otro para la matanza, un tercero dedicado al vino y así, cada zona va recorriendo el trabajo del lino, una bodega tradicional, el transporte, un laboratorio fotográfico, un taller de carpintería, una fragua, un molino, una lareira o el horno de todo la vida, del que se sacaba una buena hogaza de pan.

El tiempo se escapa sigilosa e imperceptiblemente escuchando a Don Antonio contar la historia de cada útil y, con ella, su historia propia. La idea de coleccionar herramientas, maquinaria y utensilios de labranza le asaltó por primera vez con la muerte de su padre. Se encontró con una herencia que en ningún caso pensó en desperdiciar. Ese fue el germen de El Varal, un museo en apariencia que, no obstante administrativamente no puede tener tal consideración. Son demasiados los requisitos que le exigen a su promotor y en ningún caso él estaría dispuesto a ceder la propiedad de su tesoro. Por lo que sí está peleando ahora es por conseguir el reconocimiento de ‘colección museográfica’. Para ello sólo tiene que tener un inventario y abrir dos días a la semana. Condiciones que ya cumple. De hecho, él mismo dice que El Varal está abierto 24 horas al día, lo tiene a pie de casa y siempre está en disposición de enseñárselo a quien muestre interés. No cobra nada por la entrada, sólo pide una colaboración, la que el visitante esté dispuesto a dar. Un dinero que le sirve para mantener el museo y seguir ampliándolo con nuevas piezas.

De entre todas ellas alguna conserva con un cariño especial. Unas por su valor sentimental, otras por el valor que tuvieron en la modernización del campo. En este último grupo se encuentra una majadora desgranadora que —explica— «fue la primera que llegó al campo del Bierzo con motor. Marcó una época, fue la revolución industrial de campo, ya que hasta ese momento todo se hacía a mano». Con ella lo que se hacía era separar el grano de la espiga durante la recogida del pan. Especial «simpatía», como el mismo dice, le tiene al taller de carpintería, heredado de su hermano, Longinos Sernández. También de su suegro tuvo herencia que conserva cariño: una ventadora o limpiadora, que por medio del aire limpiaba el grano para su recogida.

Todo esto y mucho más lo enseña Antonio Sernández en el museo de su casa y, como es un hombre moderno no ajeno a las nuevas tecnologías, ha creado también un blog (http//museoelvaral.blogspot.com), donde puede verse de cerca lo que ha conseguido.

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