De viaje a
Astorga
Se sabe guardiana del tiempo, custodia de legados, capitana de comarcas ricas en naturaleza y etnografía. Se sabe coleccionista y artista. Astorga es cuna de saber, es paso obligado del Camino de Santiago y la Vía de la Plata. Cruce y punto de encuentro. Visita obligada. Arte e historia en cada piedra, cada paso, cada monumento Gaudí quiso dejar su huella en una ciudad con un Palacio, pensado como casa de obispo, que hoy alberga una de las colecciones de arte sacra más importantes de la Ruta Jacobea

jesús f. salvadores
E s historia y leyenda. Es tradición y cultura. Es día y noche. Es romana y astur. Modernista y barroca. Es cruce de caminos, clave en la Ruta Jacobea hacia Santiago de Compostela, punto final de la Vía de la Plata. Codiciada por el antiguo imperio romano, de apellido Augusta, es Astorga, ciudad bimilenaria, señorial y compañera. Cuna de grandes nombres, tierra de periodistas, foco de saber.
El Teleno, el monte tutelar de estas tierras, la custodia a su sombra desde tiempos inmemoriales. Cuenta, Astorga, con tres guardianes que desde lo más alto de la ciudad velan por el día a día. Pedro Mato en la catedral y Colasa y Juan Zancuda, desde la torre del Ayuntamiento. Unas horas marcadas a ritmo maragato que han escrito la historia de una ciudad con solera, el tesoro del noroeste, donde los romanos escribieron otro renglón del imperio. Una hazaña que cada año se reinventa en una fiesta de recreación que atrae a miles de visitantes a esta ciudad que se abre de par en par.
Arte a raudales. Gaudí dejó su impronta en la capital maragata. Un palacio, que parece de cuento, pensado para ser casa de obispo y que hoy es un museo que alberga una de las mejores colecciones de arte sacro del Camino de Santiago. Tallas centenarias, cuadros de gran valor, bajo la protección de un arquitecto que apenas dejo su huella fuera de Cataluña. Al lado, la catedral, templo de la diócesis por excelencia. Vidrieras, retablos y religiosidad, en una ciudad que también sabe divertirse y disfrutar de lo pagano.
Astorga sabe a cecina y mantecada. Huele a chocolate y es hospitalaria. Atesora en cada piedra y monumentos leyendas y realidades. Una visita obligada merecen el Museo y la Ruta Romana, para conocer la historia ahí, en el mismo lugar, donde ocurrió. Para saborear, oler y palpar el Museo del Chocolate de abre al visitante en el palacete de Magín Rubio. Cuentan que el producto de Astorga llegó incluso a la Casa Real y hoy todo aquel pasado de onzas y dulces se disfruta en la casa que alberga la colección.
Pasear por sus calles merece la pena, recrea la vista, ayuda al espíritu, es un lujo para la imaginación. Eje monumental, donde las miradas de los peregrinos siguen las estela de los lugareños, donde las terrazas animan la época estival y donde la plaza Mayor de sabe el corazón de una ciudad que late con el turismo y sigue el vaivén de un pasado glorioso para escribir un futuro esperanzador. Un horizonte que pasa por seguir potenciando el turismo y por ser custodios de un enorme legado que ha marcado la configuración de la ciudad.
Astorga también es folklore. Mantos y manteos, chalecos y castañuelas. Cintas maragata que son los colores de una tradición que se sabe guardiana del tiempo. Es también innovación, la capital maragata busca potenciar su industria y su comercio. Cuenta con un polígono industrial e importantes infraestructuras. Naturaleza y urbanismo. No hay que olvidar las rutas que rodean las comarcas cercanas, es la Maragatería un enclave obligatorio y la Cepeda una tierra digna de visitar. El senderismo se alza como nuevo reclamo y sus cuatro pedanías, Valdeviejas, Murias de Rechivaldo, Castrillo de los Polvazares y Santa Catalina de Somoza guardan la esencia del pueblo, de su gusto y sus costumbres.
La Semana Santa y La Piñata representan también las dos caras de una ciudad que se vuelca en La Pasión y que disfruta disfrazándose año tras año con enormes dosis de imaginación. El día y la noche de un carácter forjado entre arrieros, casonas y patios. Una visita necesaria. Punto de encuentro. Lo mejor de todo es pasar, ver y disfrutar.