LOS PASADEROS
Desde el viñedo a la copa
«Producciones limitadas, la máxima calidad y lo que podamos hacer nosotros con nuestros propios medios» son los principios y compromisos que marcan la actividad en una de las bodegas más jóvenes del territorio del Prieto Picudo y que da vida a un ro- sado como bandera, aunque no sólo con la variedad autóctona se hacen buenos vinos.
AJulián Llamazares, que lidera el proyecto secundado por María del Rocío Blanco, el vino le viene de lejos en la memoria y en la experiencia, por eso mezcla los recuerdos de los tiempos en la viña con el abuelo y el orgullo del aprendizaje adquirido en las aulas, en su propia biblioteca, en las conversaciones y, sobre todo, en la bodega: «Lo que te da la vida es elaborar, elaborar y elaborar», afirma.
Los Pasaderos que están en el mercado son de la segunda elaboración bajo los criterios de la Denominación de Origen Tierra de León, pero antes hubo otras de tipo experimental —incluso un blanco fermentado en barrica— y, junto con el aprendizaje en la viña y en la bodega, mucha paciencia hasta que las cepas plantadas entre 1998 y 1999 —de las algo más de 6 hectáreas, 3,5 son de Prieto Picudo, 2 de Merlot y menos de una de Verdejo— alcanzasen el necesario equilibrio para asegurar la mejor calidad.
Benazolve, donde la concentración parcelaria en 1995 acabó con el viejo viñedo, es una referencia histórica e imprescindible en el vino leonés. Y debe seguir siéndolo. Ése es, al menos, el empeño que madura en el proyecto Los Pasaderos: «Vamos a nuestro aire, sin prisas, porque el vino necesita tiempo. Queremos que la gente beba nuestro vino y disfrute con él. Tenemos puesto el horizonte en las 40.000 botellas, porque no hacemos, ni haremos nunca, vinos para supermercados, sino para un público distinto, fundamentalmente para el mercado de particulares a partir de la venta en la bodega, aunque con presencia también en algunos restaurantes muy concretos».
El rosado, resultado de la vendimia de 5.500 kilos por hectárea sobre arcillas contundentes y grava aluvial, es largo y potente y tiene su mejor expresión en boca, con matices incluso de tinto. Sobre esa composición de fondo y a partir de cepas situadas incluso a 824 metros de altitud —la menor incidencia del calor mantiene en botella una gran frescura y un ajustado equilibrio entre acidez y alcohol— dan como resultado un rosado de paladar intenso y sin notas discordantes que siempre invita a beber otro. Ese equilibrio en boca y una gran carga frutal aromática y gustativa, resultado de una perfecta maduración, expresan con nobleza y sinceridad los buenos criterios que rigen el proyecto.