Diario de León

VIVAZ ROSADO / VIVAZ TINTO

Sabiduría y honestidad

Sólo quedan unos cuantos viticultores y apenas un puñado de viejas cepas de Prieto Picudo en el entorno de Villacalbiel, pero la tradición emerge orgullosa aliada ahora con las nuevas tecnologías para dar cuerpo —y alma— a dos vinos muy vivos.

Publicado por
RAFAEL BLANCO
León

Creado:

Actualizado:

Calificación: Tierra de León.

Tipo: Rosado. Variedad: Prie- to Picudo. Elaboración: Tra-

dicional, aplicando la técnica

del madreo. Grado alcohóli-co: 13º. Servicio: 10 grados. Consumo: Mejor en el año.

Producción: 6.000 botellas

Precio en bodega: 4,00 euros.

Rosado brillante. Inten-

sidad frutal, con presencia de fresa, cereza y granadina y toques florales. Sabroso, fresco, sedoso y amplio, con perfecto equilibrio y la viveza característica que le otorga

la chispa del carbónico na-tural procedente del madreo.

Calificación: Tierra de León.

Tipo: Tinto. Variedad: Prie- to Picudo. Elaboración: Fer-

mentación malolática en tina

de madera. Grado alcohóli-

co: 13º. Servicio: 16 grados. Consumo: En uno o dos años.

Producción: 1.500 botellas

Precio en bodega: 5,00 euros.

Rojo picota, muy cubierto.

El marcado carácter frutal de la variedad aflora en la fase olfativa. Frutosidad con apuntes de mineralidad. Un justo apunte de acidez le permite mantener un gran equilibrio con el alcohol sin perder el punto de frescura.

Menos de un centenar de socios de los más de trescientos que en 1969 dieron vida al ilusionante proyecto de la Cooperativa Vinícola Unión del Valle hacen posible hoy que una de las sociedades de este tipo que en aquella década proliferaron también en el sur de la provincia mantenga su actividad. Es la más pequeña de las cuatro que se rebelan contra un final anunciado y, sin embargo, es elogiable, e incluso emocionante, su resistencia a una evidencia inevitable marcada por la falta de relevo generacional en el campo, el decreciente atractivo de la vitivinicultura y las nuevas formas de entender la viña y hacer el vino. Tradición, valentía, sabiduría y honestidad se conjugan en perfecto equilibrio para romper el perezoso y desilusionante desenvolvimiento de este tipo de sociedades y presentar al mercado dos vinos —al menos dos— que, más allá del magisterio elaborador que representan desde el punto de vista enológico, suponen un ejercicio de responsabilidad social con quienes sustentaron y sustentan la actividad de la cooperativa, con su labor en el ámbito del desarrollo económico rural y, por supuesto, con su orgullo como sociedad. Y eso es posible no sólo por la sensatez de quien hace —Andrés Martín Carbonero y su equipo técnico—, sino también por la confianza de quien deja hacer —Miguel Álvarez Casado— en sus obligaciones al frente de una comprometida nómina social.

Junto al Vivaz Rosado ideado hace cinco años bajo la exigencia de la técnica tradicional del madreo, y que se mantiene desde entonces como una referencia de calidad entre los claretes de la variedad autóctona, el Vivaz Tinto explora desde la vendimia pasada nuevas fórmulas de elaboración.

«Casi por casualidad», reconoce Martín Carbonero, nació ese madreado que aplica tecnología al más escrupuloso respeto a la tradición. «Un socio viticultor de Ardoncino —relata— se presentó en la bodega con vendimia muy seleccionada y dispuesta en cajas. La extraordinaria calidad de la uva nos hizo pensar que merecía ser tratada con el máximo respeto para hacer algo extraordinario». Con un aporte del 7% como madre, ese rosado es desde entonces un ejemplo de cómo se pueden hacer muy bien las cosas incluso con pocos medios pero con un cierto orden y mucha, mucha ilusión.

Para nada por casualidad nació de la vendimia 2014 el segundo tinto de Unión del Valle. Tres viticultores propietarios de muy viejas rastreras que se conservan en las laderas que miran a Villalobar fueron convencidos para cuidar de manera extrema y separar del resto esa vendimia muy especial y sus aportaciones de 1.200, 1.000 y 700 kilos hicieron la fermentación alcohólica en depósito de hormigón y la maloláctica ya en tina de madera de roble francés, en la que el vino permaneció durante mes y medio. «La uva es tan equilibrada y de tanta calidad que el vino se hizo solo», explica su autor que, animado por el éxito y por la necesidad de un justo reconocimiento a la uva y a quienes la cultivan, anuncia un paso más con la introducción en el proceso de barricas de 500 litros para que el vino se exprese todavía con mayor rotundidad con la madera sólo como sustento.

tracking