Diario de León

La recomendación de... luis salvador lópez herrero, médico y psicoanalista

Leer, sí, mejor en papel

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El día ha sido laborioso y están muy saturados. Ya saben: compañeros, amigos, clientes o desconocidos malhumorados han circulado por la velada laboral, e incluso, más tarde, padres, hermanos, hijos, esposa o marido, si los tienen, también han ocupado sus pensamientos de modo imperioso en los quehaceres cotidianos. En fin, se han encontrado demasiado tiempo expuestos al otro social y han sufrido por ello los efectos de una intoxicación verbal, llena de malentendidos. Así que, una vez en la intimidad, es necesario, por fin, desconectar del ruido mundano, aunque sólo sea por un espacio corto de tiempo. De ese modo, busquen ahora un lugar lo más insonorizado posible, desconecten los móviles y demás gadgets tecnológicos, cierren la puerta de su habitación, escojan un libro de la estantería y abran sus hojas acariciando suavemente el lomo que las envuelve. Después, tomen acomodo en una buena butaca y comiencen a leer con tranquilidad, sin prisas, dejándose llevar por el ritmo que imponen las letras. Les aseguro que si cumplen con todas estas premisas, no tardaran en entrar en nuevo escenario en donde se mezclan, sin saber muy bien cómo pero tampoco importa, el cosquilleo de ideas del autor con sus propias impresiones convertidas en divagaciones. La lectura es el modo que tenemos de apropiarnos de las ideas de los demás para hacer con eso algo propio, singular. Más tarde, si en un arranque de soledad persisten en ese abandono de realidad que les circunscribe la monotonía diaria, podrán incluso hacer desaparecer el tiempo para entrar en una dimensión, en donde sin darse cuenta voces ajenas simulan ser propias, a la vez que escenas alejadas de su existencia sincronizan con ese mágico momento de ensoñación que produce la buena y reconfortante lectura. Sí, leer abre la mente a un espacio completamente personal capaz de iluminar universos insospechados. Y cuando sientan que el tiempo de lectura se va eclipsando bajo la llamarada del cansancio diurno, aprovechen para cerrar un poco los ojos y abrir la imaginación al hilo del texto. Les garantizo que no hay mejor reconstituyente que el mundo que se crea, bajo el amparo de las letras y de las fantasías; también de los sueños. Ah! Pero no se olviden, al concluir, en volver a conectar con la realidad y, sobre todo, que la lectura no se convierta en el sucedáneo de la buena vida, aunque esto sea ya otro poema.

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