La belleza de las islas Sarónicas
Grecia es un paraíso para la historia, el mito, la arqueología y el arte. Pero nunca deben olvidarse sus mares y sus islas, algunas de ellas cita inexcusable del veraneo internacional. Nuestro viaje discurre hoy por tres de ellas, pequeñas –Poros, Hydra, Egina-, prácticamente pegadas a la costa del Peloponeso, en algunos momentos a apenas dos centenares de metros, en el Golfo Sarónico –de ahí el nombre-, frente al Pireo y Salamina, referencia esta a una famosa batalla. Es fácil el viaje. Se ofrece generalmente en los hoteles, o directamente en el puerto ateniense.

ALFONSO GARCÍA
E s importante tener en cuenta que, dada la cercanía, la escapada a las islas es frecuente entre los habitantes de la capital con el fin de mitigar el calor del verano. Seguramente la primavera y el otoño sean las fechas más indicadas para la visita. Hay viajeros que no se someten a itinerarios preestablecidos ni horarios fijos dada la facilidad para viajar de una isla a otra. Otros, sin embargo, establecen su cuartel general en una de ellas para ir conociendo el Peloponeso y regresar. Las elecciones son múltiples y cada una puede encajar en el tiempo de que disponemos y los intereses que nos mueven. Una sola jornada, y tal es el caso, es un buen antídoto contra el síndrome que se ha dado en llamar ‘a toda pastilla’. Es un día relajado, distinto y festivo por estos maravillosos laberintos del mar.
Poros significa ‘paso’, por el estrecho. La isla más pequeña y la primera que visitamos, aunque en realidad son dos islitas muy pequeñas (Sfera y Kalavria). El puerto está en el pueblo de Poros, que, a pesar del turismo, es recoleto y tranquilo. Como pueblo de pescadores, se podrá imaginar lo sabrosos que resultan los productos del mar, aunque no siempre sean deducciones de precisión matemática. Lo mejor que puede hacer es, sin duda, callejear sus calles estrechas y contemplarlo desde la torre del reloj. No piense en ella como algo excepcional, que no lo es, a no ser por la panorámica sosegada que desde allí se contempla. Sí llamó la atención de quien lo cuenta ciertas fachadas neoclásicas, y, sobre todo, sus características casas blancas o color pastel con ventanas y puertas azules. Sentarse en una de las terrazas posiblemente sea un modo de entender el ritmo de esta vida sosegada.
No está de más indicar la presencia de un museo arqueológico y de los restos del que fuera templo de Poseidón.
Navegar de una isla a otra tiene, entre tantos alicientes, contemplar otras, los pueblecitos diseminados por la tierra firme que apenas perdemos de vista, observar los colores cambiantes de las aguas. Perdido en estas gratas labores, casi sin darse cuenta, estamos en Hydra, que, como no podía ser de otra forma, hace referencia en su nombre al agua: ‘la bien regada’. Apenas desembarcados en esta isla que duplica en extensión a la anterior, lo primero que llama la atención es la ausencia de vehículos de motor. Le ofrecerán, y está la oferta bien visible y dispuesta, el traslado en burro o en carros tirados por caballos. Curioso. Quizá esta forma de vida, tan alejada de la presencia creciente del tráfico en otras latitudes, haya sido una de las razones por las que se hizo famosa en su día —a mediados del pasado siglo— como refugio y punto de encuentro de artistas y escritores.
Debe tener en cuenta, por si acaso, que goza de prestigio su cerámica tradicional y que la visita al monasterio, en el frente que da al puerto, merece la pena, aunque sea breve. Ya no viven monjes en él, solo un sacerdote con su familia.
Egina, que recibe el nombre de la ninfa amante de Zeus, es la mayor de estas tres islas que hoy visitamos. Los eginetas se distinguieron siempre por sus cualidades marineras. Le ofrecerán una excursión por la isla seguramente, cuyo interés permítame que ponga en duda. Posiblemente disfrute más gozando de sus calles y bellas mansiones, del acercamiento a la iglesia, de las terrazas y tabernas…, y, sin olvidar los pistachos característicos –los pistachos y el turismo son la base de su economía-, darse un baño en las aguas tentadoras si el tiempo lo permite.
Estamos de regreso en Atenas. Estoy seguro de que hoy ha sido un día distinto en el viaje a este país. La memoria se lo hará presente en no pocas ocasiones. El viaje también es memoria.