Diario de León

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POr tierras maragatas

Norberto

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León

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La Maragatería es ese «país de mercaderes» que para Matías Rodríguez se extiende desde Astorga al monte Teleno y de Combarros a Santiago Millas, esa comarca que permitió a Concha Espina escribir una de sus primeras obras. Nadie que visite León debería desconocer la riqueza histórica, paisajística y gastronómica de las tierras maragatas.

Comencemos recorriendo parte de una de las etapas del Camino Francés para dirigirnos de León a Astorga. De la romana Astúrica Augusta destaca en la peatonal Plaza Mayor el palacio barroco reconvertido en Ayuntamiento, con su espectacular reloj de Juan Zancuda y la Colasa o el pendón arrebatado por los cristianos en la batalla de Clavijo. No debemos olvidar la Catedral gótica con sus bóvedas de crucería, sus maravillosos retablos y el huésped encaramado en el ábside, o una de esas obras –—el Palacio Arzobispal — que Gaudí regaló a los leoneses, y en cuyos jardines encontró refugio el ángel que en el proyecto de Guereta no consiguió subir a las alturas. Pero Astorga cuenta con muchas más cosas, como sus museos (con las litografías del Museo del Chocolate o el Museo Romano ubicado en la Ergástula), y el magnético jardín de aquella familia que tan magistralmente radiografió Chavarri en El Desencanto.

A unos siete kilómetros de la, para muchos, capital de la Maragatería se encuentra Castrillo de los Polvazares, el Valdecruces de la Esfinge Maragata, un pueblo empedrado con sus edificios de piedra rojiza y una de esas villas en las vivieron aquellos arrieros maragatos que transportaban sus mercancías entre Galicia y las tierras de Castilla. Castrillo es un lugar emblemático que permite degustar el tradicional cocido maragato (con su imprescindible complemento, el café de puchero y el aguardiente de orujo) en restaurantes como Casa Maruja o Cuca La Vaina.

Luyego de Somoza se encuentra a una veintena de kilómetros de Castrillo y allí destacan las ermitas o la Hostería Camino, con sus menús micológicos y su encantadora y cuidada decoración. Un sitio ideal para disfrutar con tranquilidad y poder abordar otros parajes imprescindibles de las tierras maragatas, como la zona resinera d?el pinar de Tabuyo, que sufrió el lamentable incendio del pasado verano, o las estribaciones de la Sierra del Teleno, con los laberintos y las cazoletas talladas en la piedra de los petroglifos de Lucillo y las preciosas vistas del monte sagrado dedicado al dios Teutates.

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