Guardián de la tradición
Si Pajares de los Oteros es de manera incuestionable la cuna del Prieto Picudo, como presume con razón, Asturleonesa de Vinos es, también sin duda, la bodega que custodia la más pura esencia del vino tradicional..

Aspecto general de la bodega, con las dos grandes tinas, ‘Virgen de Covadonga’ y ‘Virgen de Oteruelo’, a la izquierda. B. FERNÁNDEZ
R ubén Roldán Caballero lo sabe todo sobre el vino, la bodega y la viña. Lleva en ello toda la vida, desde los 19 años, y ese tiempo lo ha dedicado sobre todo a trabajar, pero también a observar, analizar e hilar elaboradas teorías sobre las labores en el campo, los procesos en la elaboración y los cuidados de una cueva tradicional que es sobre todo un museo histórico del vino leonés. Dispuesto en perfecto orden y con absoluta limpieza, todo allí se ajusta a la terminología precisa de las cosas, la precisión en los tiempos y las capacidades exactas de los bocoyes y las cubas, que siempre son citadas con nombres propios: Virgen de Covadonga (333 cántaros) —homenaje a Asturias por la ascendencia del fundador, José Suárez Gutiérrez, a quien se recuerda en una placa en el interior de la bodega—, Virgen de Oteruelo (285) —patrona del pueblo—, Mimosa (112), Guapa (222) y las redondas (550 y 500).
Ese legado patrimonial e histórico —las duelas siempre perfectamente ajustadas, los aros y placas brillantes y el necesario rociado diario a todo para mantener la humedad— posibilita que Asturleonesa sea la única bodega de la zona de producción que sigue fermentando en este tipo de recipientes en un complejo trasiego que dificulta enormemente el trabajo durante y después de la vendimia de las once hectáreas y media de viñedo propio —otra y media es arrendada— que gestiona el equipo técnico. Dos de ellas son en rastrera y las otras en espaldera de entre 14 y 28 años. El resultado son unos vinos ciertamente singulares, bien elaborados y diferentes, si bien la producción de los tintos es prácticamente simbólica para el joven con paso por barrica (2.500 botellas; 3,00 euros en bodega) y testimonial para el doce meses (800 de 2013; 3,60). Porque el vino estrella de la bodega, por y para el que se trabaja en ella, es un clarete. No un rosado, sino un clarete tradicional tal y como se entendía y siempre se elaboró en la zona. Ese Quinta de Vides , etiqueta única de la bodega, es un vino racial, muy varietal, honesto, sobrio y sincero. De elevado tono de color, nada de ofrenda floral gratuita en nariz ni insoportable empacho de golosinas en la boca. Un clarete al que no le sobra ni le falta de nada, de equilibrada acidez, fresco y refrescante, y de los que dignifica una buena merienda con lo mejor de la despensa de la comarca. Fue ideado para eso y en ese perfil se mantiene y, si bien es cierto que el consumo se está trasladando de la mesa a la barra, también es muy buena compañía en ese caso.