Diario de León

La recomendación de... tomás valle villalibre, fotógrafo

a escasos metros de mi copa

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León

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Suena la esquila en el convento de Santa Clara, el jardín de la Sinagoga huele a tierra mojada y el silencio del atardecer es un remanso de paz que me transporta a paraísos artificiales. En la terraza del quiosco apenas hay tres mesas ocupadas, sobre la mía reposa la delirante fragancia de un Bierzo.

A solo veinte metros de mi copa de vino, el paraíso se torna real viendo el paseo de la muralla, el monumento civil más importante de la ciudad con dos mil años de historia, por el que tanto luchó y escribió el que fuera Cronista Oficial de Astorga, Martín Martínez y que deja al descubierto el esplendor del Monte Teleno, con las tierras de Maragatería y Valduerna haciéndole pasillo. A solo cien metros de mi copa puedo ver la Iglesia de Los Redentoristas y la Capilla de las Cinco Llagas; si muevo ligeramente mi cabeza puedo ver incluso el acristalamiento de la Domus Romana, que contiene el mosaico del oso y los pájaros. Por la parte baja de la muralla puedo adivinar con detalle la iglesia de San Andrés y distante a diez minutos la de Puerta de Rey. A doscientos metros de mi copa de vino se encuentra la Plaza Mayor, con los maragatos en la torre del Ayuntamiento dispuestos a dar las horas con sus mazas, para deleite de propios y visitantes. Al lado la Plaza del General Santocildes con el monumento a los Sitios de la ciudad y muy cerca, en la Plaza de San Julián, podemos visitar la Iglesia Santuario de Fátima. A solo diez metros de mi mesa una peregrina con las piernas quemadas por el sol, reposa su mochila sobre el banco de madera y casi rozando mi espalda una pareja se profesa todo el amor del mundo mientras intentan comerse a besos. Solo doscientos metros separan la Ergastula de mi copa de vino. En su interior se encuentra el Museo Romano y al lado la Iglesia de San Bartolomé.

El camarero me trae unas lonchitas de cecina «para acompañar al sabroso caldo berciano». Vino con cecina que haría andar al mismísimo Pedro Mato, bajando desde lo alto de la Catedral, que está escasamente a setecientos metros de donde me encuentro. A su lado el Palacio Episcopal construido por Gaudí , la Iglesia de Santa Marta y la Capilla de San Esteban con la Celda de las Emparedadas. El Hospital de San Juan y la casa del Poeta Leopoldo Panero distan pocos metros del primer templo de la ciudad.

Sujetando la mesa donde reposa mi copa, en el subsuelo, a muy pocos metros, pasa un ramal visitable, abovedado, de las Cloacas Romanas. A solo trescientos metros las Termas Mayores, Las Termas Menores y el Foso Campamental. A un paseo desde donde me encuentro con mi copa, el museo del chocolate. A solo unos metros de mi copa con vino del Bierzo y del plato donde estaban las lonchas de cecina, casi tocándolos con la mano, recorro mentalmente los lugares que me quedan en el tintero. A solo unos metros de mi copa comienzan angostas calles que nos guiarán por los rincones de esta pequeña ciudad llena de historia y que tanta literatura ha suscitado. A escasos metros de mi copa vacía…

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