Diario de León

La recomendación de... FRANCISCO VELASCO DÍEZ, presidente del instituto leonés de antropología

lA RUTA DEL MUDéJAR

jesús f. salvadores

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León

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Conozco un lugar donde se escuchan las estrellas, el silencio se puede ver, la sombra cubre la estepa y el sol adorna las orillas del río; el cielo deja de ser cielo para ser azul, donde se esconde la piedra y se libera el barro amasado, donde los sentidos se confunden y el arte sabe rezar; donde conventos, ermitas e iglesias lucen vanidosamente altivas sus torres en una encrucijada de caminos convertidos en custodios de peregrinos y verdugos a los pies del lugareño.

Y muy cerca de los meandros dibujados por el Cea, corre el agua ajena a los pleitos entre Prioro y Tejerina por su manantial de nacimiento. A cinco kilómetros de Sahagún , del Municipio de Sahagún y en Tierras de Sahagún, comenzamos lo que, improvisados visitantes, han dado en llamar «La Ruta del Mudejar».

Cien habitantes rodean y protegen el Monasterio de San Pedro de las Dueñas. Fundado allá por el siglo X; dos siglos después, con piedra y ladrillo, al más puro estilo románico-mudéjar se construye de piedra y ladrillo un edificio que cuidadosamente restaurado, atesoran y nos mostrarán afanosas monjas de la orden cisterciense.

Mochilas, bastones, conchas y algún que otro peregrino al final de su enésima etapa, nos avanzan la entrada en la Villa de Sahagún: auténtico templo de edificaciones de la ruta mudéjar. Para muestras, algunos botones: Monasterio Real de San Benito, Santuario de la Peregrina, o las iglesias de Santo Tirso o de San Lorenzo. Joyas del estilo mudéjar construidas en ladrillo y solo comparables a lo que toda la localidad de Sahagún representa. Sobra insistir sobre las bondades de un pueblo y una tierra allende nombrada y desconocida aquí.

Abandonamos Sahagún y se antoja visita obligada al pueblo de Gordaliza del Pino. Sobre el arroyo de Pozuelo, crece majestuosa la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Arbas. Y en su interior el magnífico retablo de Berruguete; lo protege la estructura de un templo donde piedra y ladrillo, estilo románico y mudéjar, se abrazan en perfecta simbiosis para cuidado y protección de su singular interior.

Y al atardecer, sin que el tiempo se haya dejado notar, alcanzas a entender cuanto de pequeños somos ante una torre imponente de ladrillo, orgullo del pueblo de Vallecillo y declarada bien de interés cultural: la iglesia de San Pedro, perfecta embajadora de una construcción del estilo mudéjar y final de la ruta. En su interior un magnífico retablo restaurado del siglo XVI. Por paredes tapial de barro y piedra recubiertos de ladrillo. En sus calles adornadas de adobe a los lados por paredes de arquitectura popular bien conservada, el tiempo parece detenerse. Anochece y comienzas a formar parte de un paisaje donde se escuchan las estrellas y el silencio se ve. Hay quien dicen haber escuchado el silencio y otros acariciar el cielo estrellado en toda su dimensión. Un final de ruta que sabrá retirarse generosamente a tiempo para permitir al visitante acabarla siendo el protagonista. Cuando vayas, no la visites. Simplemente vívela.

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