Cuatro décadas inquietas
Sendo expone en la Casa Panero de Astorga un recopilatorio de sus 40 años de trayectoria. Un camino que busca el movimiento perpetuo. Nada está quieto. Es pretender atrapar el tiempo de una hora en un segundo. Un recorrido vital marcado por la observación. La vida sigue, no frena, nunca se cierra una etapa del todo

Sendo mira por una de las ventanas de la Casa Panero, mientras una de sus obras—expuestas hasta el 20 de agosto, en la capital maragata— invita a reflexionar sobre el movimiento, la erosión, la agresión de nuestro tiempo. Sendo se para, mira,
Mucho más que arte. Sendo, el artista incansable, expone en la Casa Panero de Astorga una trayectoria de 40 años. Cuatro décadas dibujando el movimiento y la erosión. Una muestra que hace protagonista al dibujo, entendido como ese lenguaje gráfico universal, como la base de toda creación. «El dibujo es la observación, abstrae la mente por medio de formas y líneas».
Y, de ahí, de las paredes de la Casa Panero cuelga toda esta trayectoria vital. Pararse ante el movimiento para reflexionar. «Los creadores también somos cronistas de la historia mundial y local», explica el pintor, subrayando que en su obra hay una predominancia que le ha inquietado desde hace más de cuatro décadas, es el movimiento perpetuo, nada está quieto y todo elemento sufre una transformación lenta o veloz bajo el factor del tiempo.
La muestra repasa temas deportivos, el caminante, el paisaje en constante cambio... anécdotas para elegir la clave que es la expresividad de un cuerpo al realizar una acción. Un leitmotiv que se repite en cada una de las salas de donde cuelgan las obras.
«Es pretender atrapar el tiempo de una hora en un segundo», narra Sendo, mientras observa lo que ha salido de sus manos. La geometría, los números, la línea curva o recta son muchos de los elementos que incluye dentro de los temas que trabaja. Temas marcados, también, por la agresión que forma parte de nuestro tiempo. Agresión en el medio ambiente, en el paisaje, la agresión de un cuerpo desencajado, de una fosa común, de la matanza del cerdo, del caballo...
Igualmente, las carreras, el esfuerzo, la lucha concitan composiciones viscerales donde la forma humana se contrapone o superpone a la geometría. Sus viajes y las distintas estancias le han influido para emprender cambios. «Nunca se cierra una etapa del todo», comenta el artista, consciente de que Lisboa le amplió los horizontes tonales y León le aporta una visión de la luz mucho más profunda. «Somos cronistas», repite, «somos testigos de nuestro tiempo pero mirando al pasado». El Camino, el caminar, las puertas, las ventanas, las botas, un emigrante desesperado... y cuando no se le ocurre nada, la mano dibuja caprichos.
En la exposición Sendo trabaja con elementos clásicos, tan antiguos como el carbón, polvo de tiza o tóner... pero algo tiene claro, «por buenas que sean las críticas, la obra tiene que encajar con el gusto del observador. Un cuadro tiene que decirte algo para no quedar en el rincón del olvido». Y aquí cada dibujo habla.