La recomendación de... Vicente Martín, profesor titular del área de medicina preventiva y salud pública de la universidad de León
La gente de la lucha
Existe en León un endemismo de gran interés: el aluche. Este bien tan particular solo se puede hallar en la cuenca del Esla y algunos de sus afluentes, concretamente de aquellos que nacen en las montañas del noreste de la provincia. Pero además, como todos los endemismos, también requiere de una determinada latitud y apenas se da por debajo del paralelo que atraviesa la ciudad de León. A pesar de su rareza y su estrecho hábitat geográfico, se han catalogado dos variantes o subespecies en función de la vía del hullero, el tren de vía estrecha que llevaba el carbón y manos campesinas de León a Bilbao, de manera qué, sovía son de montaña y sotavía son de ribera. Algunos autores, con el erudito Barreñada a la cabeza, quieren diferenciar una subespecie ribereña, que ellos llaman montañés-ribereño y otros de la Soba.
El lugar ideal para observar este tesoro son unas pocas praderas bien conocidas en las que, curiosamente con carácter anual y en fechas y horario establecido, tiene lugar la máxima expresión de el aluche. Los iniciados conocedores de estos eventos se reúnen en esas praderas, en el día y hora indicados y colocados en círculo, que ellos llaman corro, observan con detenimiento y admiración la exhibición de los diversos especímenes que ellos llaman luchadores. Estos luchadores son bienes tan escasos que todos tienen nombre propio e incluso se conoce su filiación completa, por ejemplo: Álvaro el de Escalada, el hijo de Heraclio. Muchos de ellos también tienen un apodo que complementa su filiación: Clemente ‘el junco de Tendal’, Héctor ‘el divino de Campohermoso’, Eduardo ‘el oso de Pallide’, etc.
Es curiosos observar, en el espectador no iniciado, como a los luchadores de mayor tamaño y empaque se les denomina con diminutivos: Avelinín de la Valcueva, Caberín de Valdearcos.... En el corro, agarrados por parejas a un cinto y ordenados por pesos, los luchadores van demostrando su fuerza y su destreza en la aplicación de sus técnicas que ellos llaman mañas y tienen nombres tan curiosos como gocha, garabito, cadrilada, mediana, dedilla, sobaquillo... El agarre al cinturón da como resultado una coreografía y una plasticidad que hacen especialmente atractivo el evento y da como resultado un cierto nivel de adicción y no es menor el número de seguidores que acuden a tantos corros como pueden.
Todos los quieran disfrutar de este bien escaso, leoneses o viajeros de paso en León, deben de saber que en agosto el aluche es especialmente intenso y son mas de 15 las praderas en las que se espera actividad. Pueden consultar los horarios y los lugares en: http://luchaleonesa.es.