Colores para un reino
De Norte a Sur y de Este a Oeste, la provincia presume de tradiciones. Cultura popular que con el calor florece. No hay primavera ni verano sin pendones, las viejas enseñas del eterno Reino, que pasan el letargo del frío custodiadas a buen recaudo. Cada pueblo, con la suya. Cada paisano, a la sombra de sus bandas.




Si no por excelencia, una de las citas pendoneras más relevantes del calendario romero es la procesión de La Virgen del Castro. No se celebra todos los años, pero, cuando sale, las tradiciones cobran tanta fuerza que la comitiva es visible en varios kilómetros a la redonda. Junto a ella, otras muchas se celebran a lo largo de la primavera y el verano. El pendón merece destreza, merece el apoyo de los "pata negra" de la vara y el paño. JESÚS F. SALVADORES
En León los cuatro puntos cardinales llevan grabados su pendón. Sí, el suyo, porque cada pueblo, cada rincón, no siente otro que no sea el propio. De la Montaña al Jamuz, de Tierra de Campos al Bierzo, los paños siguen arropando al Viejo Reino.
Los pendones guardan letargo durante el otoño y el invierno y son con los primeros rayos de sol de la primavera cuando asoman, orgullosos de un pasado concejil. Aunque las teorías sobre su origen apuntan a diversas versiones —algunos hablan de batallas medievales, mientras que otros los ligan a los santos titulares o a las diferentes festividades religiosas— lo que está claro es que «la campana como el pendón, del pueblo son», al menos eso ha quedado en el poso de la memoria colectiva de estos habitantes del Reino de León.
Con la llegada de la época estival, cada fin de semana es un estricto calendario para los pendoneros. Las romerías, las fiestas y toda ocasión que se precie merece de la presencia de las enseñas y de lo paños cercanos o no tanto.
Lejos de perderse esta tradición, sigue ganando en fuerza. Ya incluso traspasa las fronteras de la provincia y asoma en la vecina Portugal, en la comarca de Miranda do Douro, una zona que quedó desligada de León al pasar del Obispado de Astorga al de Braga. Pese al dato, las similitudes culturales y tradicionales son muchas. De ahí la presencia de un pendón ya restaurado y de otros dos que van en camino. Los pendoneros portugueses participaron por primera vez en una romería en la provincia en el encuentro que organizó recientemente Palacios de la Valduerna.
Pero no hay que ir hasta el país vecino, basta con echar un vistazo a los pueblos de la provincia. Algunos, con apenas recursos pero muchas ganas, se han puesto el mundo por montera para mantener viva este pilar de la cultura popular leonesa. Un ejemplo es el de Santa Catalina de Somoza, en Maragatería, que hace dos años recupero su vieja enseña tras más de tres décadas sin procesionar. Como este pueblo, otros tantos en León. La Bañeza dio un impulso a sus raíces hace seis años con la restauración de su paño, Santa María del Páramo también está en este barco y el Bierzo y los pueblos del norte y la comarca de Sahagún...
Los pendones son emblema, son santo y seña, son raíz cosida en tela. Los pendones son parte de lo que somos. Granate y verde, azul y amarillo, blanco o morado. Los pendones siguen sacando los colores al Reino.