dos grandes caprichos
‘Grande’ y ‘Bonito’. Así se hacen llamar los dos bueyes que ha adquirido José Gordón, propietario del restaurante El Capricho, pensando en sus famosas jornadas del mes de febrero. Dos ‘piezas únicas’ que llegarán hasta la localidad leonesa de Jiménez de Jamuz este domingo para que sean convenientemente uncidos

Los ejemplares fueron adquiridos en Portugal. Cada uno de ellos pesa cerca de 2.000 kilos.
D os «piezas únicas». Así define José Gordón, propietario del restaurante El Capricho de Jiménez de Jamuz , los bueyes que acaban de adquirir y que llegarán hasta la localidad leonesa este domingo. «Estamos hablando de los dos ejemplares más grandes e impresionantes de la toda Península Ibérica», insiste emocionado. Y no parece que esté exagerando. Con cerca de 2.000 kilos de peso cada uno, ‘Grande’ y ‘Bonito’ —así se hacen llamar los protagonistas— están llamados a convertirse en el plato fuerte de unas jornadas del buey que acudirán puntuales a su cita el próximo mes de febrero de 2017.
Jornadas que —como adelanta el propio Gordón— contarán en este caso con la presencia de varios chefs llegados desde Londres y Japón. «Vamos a darles un aire muy oriental. Ya estamos trabajando duro para transmitir esa filosofía al menú», remarca. Convertidas en santo y seña de este emblemático local, al margen de los toques exóticos previstos, quienes se acerquen tendrán la oportunidad de probar la mejor carne de buey de toda la provincia. ‘Grande’ y ‘Bonito’ darán buena cuenta de ello.
Los ejemplares, de raza minhota, fueron localizados en una pequeña aldea portuguesa. Sus enormes dimensiones les han llevado a ganar todos los premios posibles en los últimos 8 años. «Queremos honrar su trayectoria y para ello no sólo los cuidaremos en el momento del sacrificio, sino durante todo el proceso de maduración de la carne con el fin de que nuestros comensales los puedan disfrutar en apenas cuatro meses».
El Capricho recibirá como se merece a los bueyes este domingo a eso de las once de la mañana para proceder después a uncirles. «Son animales mansos, muy nobles que van a garantizar una carne de altísima calidad», recuerda el maestro asador. Junto a ellos también harán acto de presencia otros ejemplares de menos peso y quizá fama pero igual de exquisitos. El Capricho cuenta su historia y su paisaje en el barro, en los vinos de la tierra o en el carbón de encina que aviva el fuego y da el punto a su parrilla. La ‘parroquia’ de fieles que atesora crece y se multiplica como el más grande de los milagros sustentada en una fe inquebrantable hacia sus carnes. «No he visto nada igual», señala un comensal incrédulo que parece haber entrado en el paraíso.
Jiménez será testigo en apenas dos días de cómo toman el pueblo dos ‘joyas’ nunca vistas. Gordón ha vuelto a hacerlo. Ha vuelto a superarse.