Una cuestión de prestigio
Antes de que los mencía fuesen lo que son hoy en el mundo, los mercados in- ternacionales ya habían sido conquis-tados por Palacio de Arganza. Ahora, caído y levantado, toca reconquistarlos..

P uso al Bierzo y al vino berciano en el mundo mucho antes de que el mencía fuese más allá de los límites de la comarca y, en el mejor de los casos, del entorno geográfico más próximo. Su prestigio y los contenedores de camiones y barcos llenos de cientos de miles de botellas traspasaron fronteras nacionales y cruzaron océanos. En los anuarios y en las más prestigiosas guías del vino internacional —y todavía también en la memoria de cientos de miles ocasionales o frecuentes consumidores— queda la mención y la visualización en la memoria de las imperiales, aceradas y barrocas etiquetas de aquellos Palacio de Arganza que llenaban los lineales de los supermercados más elitistas y ponían criterio, gusto y lustre a las cartas de los restaurantes de referencia. Pero el imperio del vino berciano, siempre calculado en millones de litros —en varios millones de litros al año, algo en el Bierzo sólo al alcance de un par de cooperativas— envejeció con su mentor antes de que éste cerrase la última puerta.
Ese patrimonio valiosísimo que es la marca y algunos cientos de miles de botellas fueron las bases sobre las que ahora se erige la nueva bodega Palacio de Arganza, una de las tres del grupo Vinos de Arganza. A medida que van desapareciendo los viejos jaulones de madera con las añadas más viejas se ocupándose la cava con nuevas elaboraciones, pero ya con otro estilo. «Es cierto que esos vinos muy envejecidos en barricas de muchos años e incluso un punto oxidados tienen su público, pero cada día menos, y nuestra intención ahora es ir por otro lado», explica Víctor Robla Carreiras, propietario de la marca.
La idea de la nueva dirección de la bodega es «jugar con varietales en vez de con tantas referencias y aprovechar la gran estructura comercial y la extensa red de importadores, tanto la que tenía históricamente como la del propio grupo, para volver a posicionarla en el mercado a la altura que merece estar. Hay mucho recorrido que hacer, pero también es cierto que hay mucha marca y mucho potencial comercial», defiende el bodeguero, cuyos planes pasan precisamente por modernizar los vinos.
Bajo esa exigencia y desde la disponibilidad en la bodega, en el grupo de bodegas, de recurso humano también con gran potencial de desarrollo —tres de los hijos de Víctor Robla ya están implicados en el proyecto y en breve se incorporará el cuarto, con áreas de trabajo muy definidas en casa caso, pero también entrelazadas para que todos conozcan la realidad del escenario en el que han de moverse—, Palacio de Arganza afronta una nueva etapa con el objetivo puesto en recuperar prestigio y posición en los grandes mercados internacionales desde una interpretación contemporánea del vino. De sus vinos.