Diario de León

una gran torre encendida

Fue propiedad de los condes de Luna. Y aunque tan sólo queda en pie la torre, se ha convertido en uno de los símbolos de Urdiales del Páramo, una localidad que además de la agricultura vive de la ganadería, de la cría de perros y de la ornitología. Completan el municipio Mansilla del Páramo y Villarrín del Páramo

Como la mayor parte de municipios parameses, Urdiales del Páramo vive de la agricultura pero su caso es especial porque cobra también gran importancia la ganadería, la cría de perros y la ornitología.

Como la mayor parte de municipios parameses, Urdiales del Páramo vive de la agricultura pero su caso es especial porque cobra también gran importancia la ganadería, la cría de perros y la ornitología.

Pablo Rioja
León

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F ue un templo histórico propiedad de los condes de Luna. Llegó a albergar una iglesia y un cementerio pero hoy apenas se mantiene en pie su torre, la Torre de Barrio. «Es uno de los símbolos de Urdiales del Páramo», señala Gregoria Manjón, alcaldesa de la localidad. Con más de 500 años de antigüedad, esta construcción de adobe conserva su campanario en lo más alto, reflejo de una época de esplendor que se perdió, presto a hacer sonar en cualquier momento los ecos de sus días de gloria. «Ahora pertenece a Urdiales, pero antaño formaba parte de Barrio, de ahí su nombre». Desde el Ayuntamiento han hecho lo necesario para que el deterioro no vaya a más, al menos a corto plazo, e incluso cuenta con iluminación propia que refleja su estampa más allá de las fronteras del municipio.

Y aunque reconocible, no es ni mucho menos la única joya que aguarda al visitante. Su iglesia esconde uno de los retablos más bellos del siglo XVIII. Lo mismo que Mansilla del Páramo, que además del retablo —también del XVIII— rinde honores a un Cristo del siglo XIII ‘exiliado’ durante largos años a un pozo con fondo. «La gente le tiene mucha devoción aquí», confirma la máxima regidora de un municipio de apellido Páramo que completa Villarrín. Tal es el cariño que profesan a la imagen que cada 3 de mayo sale en procesión para regocijo de fieles y devotos. Las otras grandes fiestas llegan con San Cipriano —en septiembre— donde corren como alma que se lleva el diablo las orejas y el orujo y San Vicente a principios de año.

Y por concluir con los edificios míticos, en Mansilla conservan como oro en paño la antigua escuela de principios del siglo XX, convertida hoy en consultorio médico. No hace tanto, por cierto, que el municipio de Urdiales del Páramo ocupaba algunas portadas nacionales gracias al gran número de ciudadanos que contaban con titulación universitaria. «Para una población que ronda los mil habitantes teníamos una de las tasas más altas de toda la provincia y parte de España», remarca. Parte de esa ‘culpa’ la tiene el principal motor económico del pueblo que, además de la agricultura, mantiene una alta actividad dentro de la ganadería, la ornitología y la cría de perros con pedigrí. «Hay mucho comercio de aves a nivel nacional e internacional». Actividad que se encargan de llevar a cabo los propios vecinos. Por si fuera poco, en Villarrín hay una importante explotación de conejos. Todo un ‘Arca de Noé’ perdida en mitad del Páramo leonés.

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