Diario de León

Un godello En el Camino

Evocador a la vista y emotivo en la boca. La etapa 24, la que lleva al peregrino hasta Villafranca del Bierzo, es también un momento para el godello. Un hito en el Ca-. mino y un hito para la bodega que hizo un vino redondo.

B. FERNÁNDEZ

B. FERNÁNDEZ

Publicado por
RAFAEL BLANCO
León

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U n peregrino de principios del siglo pasado, pobablemente un gran observador con alma de viajero y sin duda con la inquietud de un aventurero, llegaba ya a Villafranca del Bierzo tras cubrir la vigésimo cuarta etapa del Camino de Santiago que había iniciado en Saint Jean de Pied de Port. Fascinado por la belleza del entorno, hizo una pausa en la senda que serpenteaba entre viñedos y dejó caer su mochila al suelo junto a una vieja cepa. Pensó que quizá el Bierzo era un buen sitio para quedarse, o al menos para hacer una pausa y, por supuesto, para volver. Lo decidió así mientras disfrutaba de la frescura y profundidad de sabor de un vino blanco y anotaba en su diario de viaje las sensaciones de la jornada y la ubicación exacta del lugar, justamente la que se corresponde con las coordenadas 42º 36’ 27’’ Norte y 06º 48’ 27’’ Oeste. Regresó pasado un tiempo y, por supuesto, se quedó.

Etapa 24 , que nace en esa referencia geográfica precisa, probablemente un siglo después de aquel viaje y aquel personaje imaginarios representados en la etiqueta, pero bajo el mismo espíritu y el mismo estilo, es, como en el caso de nuestro aventurero antiguo de aspecto elegante y refinados modales, un vino en la pausa del Camino de Santiago y en la pausa de la vida, un vino para descansar, para reflexionar e imaginar, y sobre todo un vino para disfrutar.

Con un godello joven y tres tintos, todos Vega Montán (VM), en una gama muy racional, hacía años que Adriá —la bodega que fundó un viajero valenciano que llegó al Bierzo y ya nunca se fue— no modificaba su carta de elaboraciones. El tiempo no transcurrió en vano y la espera bien ha merecido la pena. El godello que ahora sale al mercado es el resultado de una larga experimentación sobre la base del excelente viñedo familiar, que tiene a pie de bodega seis hectáreas de cepas de esta variedad de entre 15 y 30 años de edad y, por tanto, ya muy consolidadas. La calidad de la uva merecía el mejor aprovechamiento y el equipo técnico de la bodega optó por una elaboración compleja a partir de la exhaustiva selección de la uva en buen punto de maduración para asegurar los aromas, despalillada suavemente y llevada entera a depósito. Tras una breve maceración a baja temperatura, se apartó el mosto yema del prensado para su fermentación. Cinco meses sobre lías bien trabajadas dieron como resultado un vino fragante, fresco y muy suave en boca. Como aquel blanco y aquel Bierzo que fascinaron al elegante peregrino de principios del siglo pasado.

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