Diario de León

Regreso a los orígenes

Casi veinte años tardó Pedro Merayo en recomponer la actividad de la familia en torno a la viña y el vino después de mucho tiempo ideando el proyecto. El año 2010 marcó el punto final y el principio del regreso al origen .

El Llano, la finca plantada en 1910 y que es la de mayor altitud y sin embargo más contenido carácter mineral, es la base del ‘Aquiana’. DL

El Llano, la finca plantada en 1910 y que es la de mayor altitud y sin embargo más contenido carácter mineral, es la base del ‘Aquiana’. DL

Publicado por
RAFAEL BLANCO
León

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El álbum fotográfico que retrata a los personajes y la actividad que desarrollaban en la segunda mitad el siglo pasado evidencia la relación de la familia con el vino desde aquel punto de venta y expedición que era Los Merayos, seguramente una cantina de despacho, trajín y trasiego por el que corría ligero el clarete de la época. Varios decenios después han cambiado las formas, pero no la esencia de la actividad.

El joven y apuesto Pedro Merayo del blanco y negro de la fotografía de la época acabó poniendo color a la actividad y al horizonte familiar en torno a la viticultura. De regreso a ella, compuso una propiedad de 38 hectáreas —las cinco últimas están en el Alto de la Cogolla, más cerca de la finca Miralmonte, centro de operaciones— ubicadas en la nobleza del viñedo berciano, en las laderas entre Valtuille de Arriba y Villafranca del Bierzo, al pie de la senda que siguen los peregrinos en la búsqueda de la compostela.

La Galbana, El Llano, El Músico, Las Tres Filas, El Pozo... son viñas con identidad y carácter, sinceras en su diversidad y generosas en la calidad de la uva, aunque ciertamente no en la cantidad. Pero esa miseria es justamente su riqueza. De la primera de ellas nace el vino top de la bodega, apenas 900 botellas que han elevado al mencía a la más alta consideración de la crítica especializada. Sólo se destina a La Galbana la mejor uva de las cepas en mayor altitud y menor rendimiento de la viña, haciendo una primera selección ya en la propia finca. Y de esa primera y las dos siguientes, testimonial la aportación en el caso de la tercera, se recogen los racimos con los que se elabora el Aquiana, el otro mencía de prestigio de la bodega.

La alta exigencia de calidad y la limitada producción permiten una elaboración más compleja en el primer caso, con fermentación en barrica de 300 litros, bazuqueo durante tres semanas y crianza al menos trece meses en roble francés, pero no para todas las añadas. La que está en el mercado es la 2014 y la anterior se remonta a 2012. Mineralidad, complejidad y expresión del terreno, pobre en materia orgánica, definen la más fidedigna expresión de lo que es la Mencía berciana para un vino que ganará con el tiempo en botella.

El Aquiana, que sustenta su producción en El Llano, plantada también en 1910 y paradójicamente la viña de mayor altitud pero de más contenida expresión mineral, fermenta en depósito y hace la crianza en mezcla de barrica de primer uso (10%) y segundo (90%). Pero es Mecía en su más alta expresión.

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