El mencía de madurez
Diez años después de que Tenoira Gayoso llegase al mundo del vino con su primera elaboración, aquel ‘Tenoira’ de la inconfudible etiqueta naranja, un ‘Gayoso’ de azul revela el profundo conocimiento de la viña y el terreno y la madurez alcanzada en la bodega..

Guillermo Tenoira Gayoso, en La Padorniña, la histórica finca villafranquina por la que tanto orgullo siente y expresa. B. FERNÁNDEZ
G uillermo Tenoira Gayosa es un libro abierto del vino. Habla con sinceridad y honestidad de un mundo al que sempre aspiró llegar y en el que ha hecho un provechosísimo recorrido temporal desde que hace diecisiete años rescatase, ordenase y plantase La Padorniña, un paraje de referencia histórica en el viñedo berciano, y a partir de que en 2007 hiciese la primera elaboración.
El Gayoso que ahora lanza al mercado fuera de la línea digamos que convencional de los Tenoira marca la diferencia por el tiempo recorrido y el aprendizaje, la experiencia que se asienta en la observación continuada de la viña y el conocimiento palmo a palmo del terreno, porque en el viñedo berciano nada de lo que pisas es igual que unos cuantos pasos atrás.
Sobre la base de ese concienzudo trabajo desarrollado a lo largo de diecisiete años y desde la convicción de que «lo importante es el paraje más que el tipo de plantación», Tenoira Gayoso, un ejemplo de tenacidad en el vino a lo largo de todo el proceso, abre con este mencía las puertas a otros tintos que expresarán las peculiaridades, las diferencias y las enormes posibilidades de esas 24 hectáreas de viñedo de afortunada orientación norte-noroeste y diversa composición, arcilla en buena parte y arcilla con abundancia de canto rodado en la más genuina. Es justamente de ésta de la que se selecciona la uva, de más lenta maduración, para este nuevo tinto que es el resultado, reflexiona el autor, «de mucha viticultura, mucha enología y mucha experiencia», sabiendo que «todo lo demás lo da la variedad».
La idea con la que nace este vino y otros que todavía maduran en la imaginación es «poner en valor el tipo de cultivo y el viñedo berciano en su inmensa diversidad» y, más en concreto, «avanzar hacia mencías que tengan una vida más larga y que sean identificativos de fincas, parajes y pueblos». Y eso al amparo del nuevo marco normativo que marcará un punto de inflexión para la vitivinicultura berciana.
El Gayoso que estos días llega al mercado ensambla por coupague una partida que permaneció en depósito de acero sobre lías con otra que maduró cuatro meses en barricas seminuevas. El resultado es un vino que mantiene la frescura, un marcado carácter frutal, con buena acidez y con un aporte de tanicidad del roble francés. Un tinto, en fin, aterciopelado y con la delicadeza característica de la Mencía que sin duda traspasará fronteras porque se ajusta al perfil de la demanda internacional.