Diario de León

Candás y el pleito de los delfines

«Viajar es colocarse ante el asombro y lo inesperado», escribió Miguel Barnet. Por eso nunca está de más repetir destinos. Son siempre viajes distintos. A una docena escasa de kilómetros desde Gijón —coche, tren de vía estrecha—, dirección hacia occidente, el Concejo de Carreño, cuya capital es la clásica villa marinera de Candás. Fue la literatura la razón de mi última visita.

A.G.

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Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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S e acababa de abrir una nueva ruta clariniana, y son ya cuatro con esta en el Concejo —Doña Berta, Viaje redondo, Boroña—, basada en esta ocasión, y así se llama, en el cuento satírico Snob, recogido en el libro Cuentos morales, de Leopoldo Alas, ‘Clarín’, cuya narrativa en que se asienta la presencia de Carreño es abundante, hasta en catorce obras. Este cuento tiene como personaje principal a Rosario Alzueta, veraneante de finales del XIX en Palmera (Candás, en realidad), cuya falta de cultura, vanidad y pretensiones de grandeza satiriza el escritor.

Los paneles informativos de la ruta Snob, marcados con un número que te remite al siguiente, asemejan la doble página de un libro abierto, en una de las cuales aparece un texto del cuento referido, y en la otra apuntes históricos del enclave correspondiente. Además de la lectura siempre recomendable de Leopoldo Alas, el seguimiento de la ruta, en un hermoso paseo gratificante, proporciona al viajero la oportunidad de conocer la villa caminándola, fórmula infalible de conocimiento: playa de Palmera, el muelle, el Paseín, casa de la Farmacia, teatro y fuente de Santarúa, la Baragaña, casa de Agapito… Precisamente en esta casa pasó largas temporadas el escritor, como hiciera también otro insigne de la pluma, Armando Palacio Valdés, «autor —nos recuerda una placa en uno de los laterales de la vivienda— de la novela José, obra que recoge, y conserva para siempre, el singular carácter de Candás y sus más hondas raíces marineras».

El Concejo en general, Candás en concreto ofrecen muchas posibilidades y alternativas, puesto que en realidad es una zona acogedora y tranquila, destino inevitable de verano y de fin de semana durante el año. Un museo natural con rutas para todos los gustos y gastronomía para todos los bolsillos: en la riqueza culinaria se dan la mano el mar, la ganadería y la huerta, siguiendo el patrón de la variedad y la autenticidad. No deje de llevar unas marañuelas, ese dulce típico candasino —y de Luanco— de larga duración, cuyo origen se disputan las dos poblaciones, aunque también aquí llega una tercera vía que afirma la deuda con los vikingos que un día desembarcaron en este puerto. Vaya usted a saber. El mito, la ficción y el misterio son, curiosamente, referentes cada vez más actuales. Además de la literatura, hoy queremos ir un poco de su mano.

La llegada a una población marinera, anunciada en este caso como ‘Villa de los Olímpicos’ —anote la presencia del piragüismo—, parece inevitable acudir al puerto, con bares y terrazas de sabor a mar. Es verdad que aquellas corridas de toros celebradas con la bajamar por las fiestas del Cristo han desaparecido con la profunda transformación del espacio. Apenas una docena de personas, me dicen, se dedican a la pesca. Priman ahora más el ocio y el turismo que pretenden potenciar. Medios y madera hay de sobra. El placer del paisaje abrazándose al mar es suficiente. En la placita del puerto la escultura La marinera, del candasino Antonio Rodríguez (1912-1937), ‘Antón’, habla otro lenguaje. Vaya hasta el faro por el paseo de San Antón —un paseo de fotogramas espectaculares de Candás, el puerto y el mar—, sin dejar de visitar el Museo Antón, en una casa del XVIII, y el Parque Escultórico, donde, entre tanta belleza, podrá disfrutar de una pieza de nuestro paisano Amancio González. Aunque, como a tantos otros sitios, llegará con la Ruta Snob, no olvide la iglesia neobarroca de San Félix, reconstruida tras la Guerra Civil, durante la cual quedó destruida la imagen del famoso, milagrero y simpático Cristo de Candás, cuya reproducción de la original sigue venerándose con auténtico fervor y congrega a muchos devotos. «¿Qué llevas en esa saya / que tanto vuelo le das? / Llevo rosas y claveles / para el Cristo de Candás». Y es que el asunto tiene historia.

La pesca de las ballenas se remonta aquí al siglo XIII. La importancia fue de tal envergadura, que la construcción de la estructura portuaria –en los siglos XVI y XVII- y el desarrollo económico se deben a esa actividad. Faenando los balleneros candasinos en aguas de Irlanda en el siglo XVI, encontraron una imagen de Jesús que traen a puerto y depositan en el desaparecido hospital de peregrinos. Desde 1728 queda definitivamente alojada en el camarín construido para ella sobre la cabecera de la antigua iglesia románica. Con los cambios y las vicisitudes históricas obligadas, aquí sigue.

La placita del puerto es el punto de partida para visitar calles, rincones y plaz?as llenas de tipismo y de belleza. Pero también lo es para iniciar el recorrido del hermoso paseo marítimo que conduce hasta Perlora, cerca de aquella añorada Ciudad Residencial en que tantos leoneses disfrutaron del descanso y la playa. En el paseo, tan remodelado y cómodo desde hace años, encontrará el viajero las claves que han motivado inicialmente esta visita, además de no pocos símbolos y recuerdos dedicados a las gentes de esta tierra que dejaron su vida en el mar, que, además de estos, creó otros muchos conflictos, como fue el conocido como Pleito de los Delfines, fechado en 1624. Lo leo mientras contemplo desde el paseo la paz hoy serena de las aguas.

Los delfines causaban serios perjuicios a la pesca por aquella época, lo que dio lugar a un curioso y sonado acontecimiento que ha llegado hasta nosotros con tintes de leyenda y diversas versiones. «Las autoridades candasinas decidieron abrir un proceso judicial contra los delfines que, por entonces, suponían un impedimento importante para las pesquerías. La sentencia, que decretaba la expulsión de estos mamíferos de los caladeros del pueblo, fue leída en alta mar y acatada por los encausados, que se dejaron de ver por aquellas costas». Aunque de leyenda, dicen que tiene fundamento histórico. En otras ocasiones y lugares los pescadores contrataron los servicios de un clérigo capaz de hacer conjuros eficaces para la expulsión de los delfines.

Punto final. Ahora le toca ordenar el día, diseñar sus preferencias y perderse por este Candás hermoso buscando las razones para el gozo. Que pase un buen día, tan cerca de casa además. No dude de que lo merece. Así que disfrútelo.

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