Orgullo de Valtuille
Valtuille de Abajo es un paraíso vitivinícola en el universo inigualable del Bierzo. Es también un motivo de inspiración permanente y de po- sibilidades enológicas inagotables. Explorarlas es un privilegio y un orgullo para quien tiene la posibilidad y ese sentimiento de pertenencia..

César Márquez, sobre un tejado en el Castro de la Ventosa, con Valtuille de Abajo y los viñedos del Bierzo al fondo. B. FERNÁNDEZ
César Márquez capitaliza la representación de la novena generación familiar dedicada a la viña y el vino. Está documentado que los Pérez —por el segundo apellido le viene la vinculación— ya desarrollaban esa labor en el año 1752. Hoy la actividad gira en torno a una bodega —Castro Ventosa agrupa al clan, implicado en muchos otros proyectos compartidos o personales— y al amparo de una figura inconfundible y universal. Igual que Raúl Pérez en su momento, César Márquez se formó como enólogo en la escuela de Requena, la que tantos y tan buenos profesionales ha dado al vino berciano. Pero su verdadero aprendizaje lo alcanzó en los ocho años de trabajo con su tío. Y fue él quien, aun sin desvincularse de la actividad familiar, sino todo lo contrario, le dio el «empujón», confiesa Márquez, para afrontar el proyecto que ahora le lleva a presentar en el mercado cuatro vinos de finca y a anunciar dos más, ambos mencías —un Parcelas que será un vino global del Bierzo y uno de pueblo con lógica referencia al origen—, para antes de que finalice el año.
El origen de la actividad enraíza en la singularidad y la diferenciación del viñedo —los tres tintos—, buscado en algunos casos en parajes a los que ninguna bodega había llegado, y la uva: el godello es de la variedad autóctona, de grano menudo y de cepas de más de ochenta años dispersas entre soberbios portes de Mencía. Y sobre esa base de gran solidez extiende el viticultor y enólogo sus convicciones: laboreo tradicional, respeto al terreno y a la identidad de la uva e intervención mínima en los vinos, de marcado carácter atlántico y extraordinariamente frescos. Largas maceraciones —entre 30 y 40 días los tintos—, fermentación en todos los casos en barricas abiertas, leve prensado y un año de permanencia en roble francés, sin ninguna actuación sobre la barrica y sin ningún movimiento del líquido por medios mecánicos. Una casona de gruesos muros de piedra construida en 1805, probablemente la más vieja de Valtuille, y ahora rehabilitada cobija tan sensa-
ta inquietud y madurez enológica.