Diario de León

De viaje a

fabero

El Pozo Julia es su emblema, pero el municipio en sí es un museo minero al aire libre; destino perfecto de un turismo de interpretación de la minería que ofrece también grandes posibilidades a los amantes de la naturaleza y una oferta cultural que se intensifica en verano con los talleres Ciam-M y se mantiene todo el año en la Escuela del Ayer

l. de la mata / ana f. barredo / ayto. fabero

l. de la mata / ana f. barredo / ayto. fabero

María Carro
Ponferrada

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F abero puede considerarse, en sí mismo, un museo de la minería al aire libre, testigo del impacto del sector del carbón en el Bierzo y germen de un nuevo turismo de interpretación apoyado en los vestigios de la actividad minera. Es el Pozo Julia su principal exponente y la imagen presidencial del Fabero minero, pero los atributos son más, empezando por la impertérrita y robusta estatua del minero que, en pleno casco urbano, custodia la villa y mantiene viva la llama de un pueblo que se niega a olvidar sus raíces.

La Ruta de la Antracita es la mejor forma de conocer el patrimonio minero de Fabero. Diseñada en torno a las explotaciones más destacadas, sale de la cabecera municipal y se adentra en otros pueblos del municipio igualmente ligados al negro mineral. El Pozo Viejo, las minas Negrín, Alicia, Antracitas de Fabero y de Marrón; y las explotaciones a cielo abierto, principalmente La Gran Corta, permiten conocer de cerca la importancia que el carbón tuvo y sigue teniendo en la cuenca faberense, la magnitud de la actividad que proporcionó una gran riqueza en una de las zonas carboníferas más importantes de España.

Viviendas de arquitectura singular, un hospitalillo, almacenes, talleres, el tradicional economato y el castillete minero más antiguo de la localidad conforman el Pozo Viejo, que permite, en una sola visita, tomar conciencia de lo que era la vida en el momento de mayor auge del carbón. En la Mina Alicia, destaca su lavadero, las duchas y un entorno típicamente minero; mientras que en la explotación de Marrón (Lillo del Bierzo) aún hoy se pueden diferenciar utensilios y lugares que muestran el bagaje minero. La Mina Negrín, situada a la entrada de Fabero desde Vega de Espinareda, permite ver otra cara de la minería, más bien de lo queda tras ella, con una escombrera recuperada.

Son todos ellos detalles de una ruta por explotaciones mineras que irremediablemente debe comenzar en el mítico Pozo Julia que conserva, como en los años 50, distintas instalaciones mineras: el castillete, sala de máquinas, sala de compresores, botiquín, vestuarios de obreros y facultativos, talleres, lampistería, el lavadero, viviendas mineras y un largo etcétera. Para ver todo ello, el Ayuntamiento organiza una serie de visitas guiadas a las 11.30 y 16.30 horas. Abierto de martes a domingo y aquellos lunes que sean festivos, para ver las entrañas de este pozo de 275 metros de profundidad con nombre de mujer en compañía de un guía turístico es necesario hacer reserva previa (671 028 841).

Fabero es carbón y minería, sí; pero Fabero es también naturaleza y patrimonio arquitectónico, principalmente civil, y es historia, como la que cuenta la denominada ‘Escuela del Ayer: la pizarra borrada’. Se trata de un espacio de homenaje y de memoria a la educación del ayer y su evolución. Ocupa el edificio restaurado de la antigua escuela infantil de Fabero —en la calle Sierra Pambley— y está estructurada en dos plantas. Una reproduce un aula tradicional con pupitres y material escolar y, en la segunda, se ubica una biblioteca que pone a disposición de los visitantes material relacionado con la educación. Hay desde libros de texto a fotografías y vídeos.

«Es un espacio museo dedicado a recordar la escuela de los años 40, 50 y 60; donde se recogen los recuerdos y experiencias escolares de nuestra población», destacaron fuentes del Ayuntamiento, explicando que la segunda planta está diseñada también para acoger exposiciones temporales sobre la misma materia. Un espacio que, precisamente, ahora ocupa una muestra ‘La casa del maestro’, que reproduce la vivienda de un docente en los años ya referidos.

Siendo como es un balcón a la magnificencia del valle de Fornela, los amantes de la naturaleza también pueden disfrutar de la oferta de Fabero en este sentido. Hasta cinco rutas naturales homologadas están dispuestas en su terreno para dejarse conquistar. Son la Ruta del Agua (18 kilómetros), la Ruta de la Rubiona (9 kilómetros), la Ruta de Pontigas (30 kilómetros), la Ruta de Fontoria (6 kilómetros) y la Ruta del Robledal (10 kilómetros). Todas ellas atraviesan parajes de flora autóctona, fuentes y arroyos naturales y son una excelente ventana a bellas imágenes panorámicas.

Pero en la cuenca faberense las rutas no sólo son mineras y naturales; las hay también que recorren su patrimonio y permiten disfrutar de una arquitectura tradicional que conserva viejos molinos y palomares de estructura circular, así como otras construcciones propias del Bierzo ancestral, como el lavadero de ‘La Raicina’, muy útil cuando en Fabero no había agua corriente y las mujeres se agrupaban para hacer la colada. Tan importantes eran los lavaderos, como los molinos de pan que utilizaban la fuerza del agua del río. Los pueblos de Bárcena, San Pedro y Otero conservan aún hoy estas construcciones; en éste último, ya restauradas pero con la esencia de entonces.

La iglesia vieja de San Nicolás de Fabero (s.XVIII), la iglesia nueva del mismo santo, ya de estilo moderno y muy vanguardista; la iglesia de Santa María de Lillo del Bierzo (s.XVII) y el Barrio del Mercadillo son los principales exponentes de la arquitectura religiosa y civil de Fabero. Éste último es, junto al poblado de Diego Pérez, uno de los barrios más destacados de la cabecera municipal, aunque por razones diferentes. El de Diego Pérez es exponente de la vida ligada a la minería, mientras que el Barrio del Mercadillo es una de las zonas más antiguas de Fabero y recuerda su origen agrícola y ganadero. Conserva, como ningún otro punto de la localidad, construcciones de piedra, madera y adobe, entre las que destaca la Casa de los Candañedo.

El poder de la gastronomía y la amplia oferta hostelera y de ocio nocturno son otros puntos fuertes de este municipio del Bierzo que estos días celebra sus fiestas patronales, las del Corpus Christi, con una amplia oferta lúdica y cultural y la actuación estelar de la orquesta Panorama, el domingo.

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