Diario de León

De viaje a

puebla de lillo

Una naturaleza casi virgen se abre a los ojos del caminante en cada una de las rutas homologadas de un municipio que tiene mucho que ofrecer también en verano. El Pinar de Lillo es el principal valedor, visitable desde agosto, pero hasta siete son los itinerarios señalizados que permiten descubrir la belleza de los autóctono.

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María Carro
Ponferrada

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Ser p arte de la Reserva Nacional de Caza del Mampodre y estar integrado en el Parque Regional de Picos de Europa le ha valido al municipio de Puebla de Lillo para preservar un medio natural de gran belleza, testigo de las más aclamadas especies autóctonas, tanto animales como vegetales, y escenario de diversas rutas homologadas que permiten descubrir un paisaje insólito, casi virgen, de una belleza extraordinaria. Desde sus bosques hasta sus cumbres, Puebla de Lillo es esencia natural y ofrece un sinfín de opciones a quienes aman lo más verde, situándose como un destino turístico de primer nivel también en verano. Hay que recordar que la Estación Invernal de San Isidro hace el resto en los meses en los que el espeso manto de nieve cubre su vasto terreno.

El Pinar de Lillo —el único pinar natural de pino silvestre de la provincia de León, con ejemplares milenarios reconocidos a nivel europeo— es el principal exponente de los tesoros ambientales que conserva este municipio de la Montaña Central leonesa. Ocupa 300 hectáreas de terreno entre Cofiñal y el Puerto de las Señales, en las estribaciones de la Sierra de Mampodre y es parte de la zona de reserva, por lo que las visitas son restringidas —bajo solicitud previa— y posibles únicamente entre los meses de agosto y febrero. A partir del día 1 de agosto comienzan las visitas guiadas.

En el Pinar de Lillo, la especie vegetal estrella convive con otras como robles, hayas, abedules y acebos. Ejemplares propios, al igual que los tejos, de un ecosistema autóctono poblado por una fauna de extraordinario valor.

El rebeco es el rey de las cumbres y, junto al urogallo y la trucha, son las especies animales que han conquistado la zona. No obstante, otras muchas ahondan en su gran biodiversidad. Ciervos, corzos, lobos y jabalíes; gatos monteses, garduñas, ardillas y topos; además de aves como las águilas, alimoches y búhos, o cigüeñas, quebrantahuesos y buitres. Todos ellos —algunos en peligro de extinción— conviven en el municipio de Puebla de Lillo y todos ellos vigilan los pasos del caminante que se decide a recorrer alguna de las rutas señalizadas. Las opciones son múltiples: Lago Ausente, Picos del Mampodre, Entrevados-Valle del Pinzón, La Cervatina, La Biesca, Tronisco, Camino de Wamba y el Lago de Isoba son los nombres que las identifican. Todas tienen algo que contar y lo hacen en silencio, les basta con captar la mirada de quien acaba rendido ante la belleza de lo que le rodea, invadido por la paz de un entorno idílico, en el únicamente el ruido del agua al correr, el de las hojas que bailan al ritmo del viento o el de las aves que observan desde las alturas consiguen desviar la atención de los verdaderamente importante, de los esencia: la complicidad entre el hombre y la naturaleza.

En las Casas del Parque Torreón y Valle del Porma —las dos en Puebla de Lillo— ofrecen al visitante información personalizada sobre todo lo descrito y lo que queda por descubrir, que no es poco. En ellas se organizan visitas guiadas, actividades, rutas de senderismo y bicicleta de montaña, y también exposiciones sobre el entorno que se puede visitar.

No hay plan mejor para derrochar o, mejor, aprovechar el tiempo. Puebla de Lillo pone en bandeja una experiencia única y todos los servicios para complementar una jornada de senderismo, o las que sean. Allí aguardan, impertérritas, las cumbres calizas de la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica. Las peñas Susarón, San Justo y Requejines; los lagos Ausente e Isoba, la sierra del Mampodre y el puerto de San Isidro serán testigos de la visita.

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