La recomendación de... JOSÉ MANUEL MENÉNDEZ, CAPITÁN DEl BARCO de riaño
viaje por el pantano de riaño

JOSÉ MANUEL MENÉNDEZ
Hace ya más de un año tomé la decisión de venir a trabajar a Riaño. Soy asturiano, luego llegaba a una tierra cercana. Riaño para mí era un famoso pueblo de la montaña leonesa, tristemente conocido por el embalse construido en las últimas décadas del siglo pasado. Mi trabajo consistiría, como capitán de barco que soy, en hacerme cargo del barco turístico de la localidad. No conocía Riaño. Me impresionó su monumental paisaje y su estética de pueblo nuevo, con retazos del pasado, recreados en sus dos iglesias y sus dos hórreos.
Mi primer día navegando sería algo especial. Me contaban todo lo que había debajo de aquella inmensa masa de agua, que yo surcara con un trimarán, de eslora de 8,25 m y manga de 2,50 m. El barco tiene ya unos años pero es funcional y cómodo para los pasajeros; sobre todo desde que hace unos años, según me contaron, lo cubrieron con una estructura, para sortear las inclemencias del tiempo montañés.
Aquella mañana brillaba el sol, en mi primer viaje puse rumbo a los que ya se conocía como los Fiordos Leoneses, marca turística que define al desfiladero de Bachende, de singular belleza. El cielo era azul intenso, las montañas altivas y como no, me impresionó la silueta esbelta y elegante del Pico Yordas, un pico emblemático para los lugareños. Al navegar bajo el gran viaducto, supe que justo debajo, a unos 80 metros de profundidad, se encuentra los restos demolidos del viejo Riaño, aquel que tanto añoran los riañeses. Sobrecoge pensar que debajo de este mar de agua dulce se encuentran los restos de 9 pueblos. Pero si muy triste y duro fue el pasado, el presente y el futuro de Riaño hay que conquistarlo poco a poco, y la baza más importante es la promoción del turismo, con unas posibilidades excepcionales que es necesario potenciar, para que Riaño vuelva a ser lo que siempre fue: el corazón de la Montaña de León.
Desde hace ya casi dos años, el barco turístico está siendo promocionado en los medios de comunicación y afortunadamente, cada mes va en aumento el número de turistas que visitan Riaño por este motivo.
Volviendo a mi primer viaje, y una vez pasado a los pies del Pico Yordas, nos adentramos en los Fiordos Leoneses, por el desfiladero de Bachende. Sobrecoge la altura de las moles de caliza que lo enmarcan, los bosques de hayas y robles de sus laderas y en suma, la espectacularidad del paisaje. Después de navegar un tramo giramos a la derecha para llegar al espacio más pintoresco que te puedes imaginar: el valle de Anciles, ahora ya conocido como el valle del Silencio, porque en ese lugar se paran los motores del barco, y solo se puede escuchar el graznido de algún ave, o el ruido de corzos, rebecos y cabra montés, que saltan por los riscos.
Volví al puerto deportivo de Riaño impresionado por tanta belleza y deseando que el embalse, que un día fue una desgracia para los riañeses, hoy sea su esperanza de futuro. Y para terminar solo puedo decir una cosa : Visite los Fiordos Leoneses, se sorprenderá.