Diario de León

La recomendación de ... ALFONSO GARCÍA

El cueto de san mateo

ALFONSO GARCÍA

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León

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Se dice por aquí que los ríos vertebran el territorio. Haciendo caso al dicho, enfilamos hoy la carretera de Asturias, que corre en no pocos tramos paralela al Bernesga, buscando un municipio de sus tierras o sus aguas altas: Gordón tiene más que suficientes atractivos para gozar de sus días de verano plasmados, sobre todo, en el paisaje, aunque no es menos cierto que pueblos, bosques, cuevas, desfiladeros, arquitectura popular e industrial, gastronomía… forman parte de los encantos del conjunto. La carretera tiene, al menos que yo me dé cuenta ahora, tres salidas en el municipio, a derecha e izquierda, que testifican esta singularidad con el simple hecho de recorrer cada una de ellas. Uno tiene, por qué negarlo, cierta preferencia por la primera, a la izquierda –la raqueta está en la mano contraria-, apenas pasado el túnel de La Pola de Gordón, camino del último pueblo del municipio en esta dirección, Geras, carretera que, formando un círculo irregular por este espacio también de pantanos, regresa a la nacional en Villamanín. Habrá recorrido, quizás para otra ocasión, el valle de la coplilla: “Dos cosas tiene Gordón / que no las tiene León: / el Valle del río Casares / y las minas de carbón”, aunque habrá de buscarse otra rima para el último verso. Los tiempos mandan. O someten. El valle es, a mi juicio, el más extraordinario monumento que la naturaleza ha erigido en estas tierras.

Buscamos hoy, sin embargo, el perfil de una de sus montañas más emblemáticas, como tal llena de leyendas y fascinaciones: el Cueto de San Mateo, con una altitud, en números redondos, que ya se sabe eso de la precisión, de 1 600 m, lo que justifica su presencia visual desde no pocos puntos de la carretera que atraviesa el municipio.

Estamos dispuestos a encarar la subida, en una ascensión que no es complicada, aunque la valoración, como es lógico, no sea igual para todos ni para todos los trayectos posibles. Eso sí, en cualquier caso evite las horas de calor sofocante, lleve calzado cómodo, un buen bastón –cacha se suele decir por estos lares-, mapa, si es posible el del Ejército, prismáticos, cámara fotográfica y agua, además de lo que considere, en cualquier caso lo más ligero posible de equipaje.

A pesar de que todos los caminos conducen a…, le propongo tres puntos de partida: La Pola de Gordón, desde la piscina municipal, que encontrará al paso, Llombera y Santa Lucía. Bien señalizada la ruta, con paneles informativos y suficientes referencias que facilitan el camino.

Salimos hoy, si lo prefiere, desde Santa Lucía, con dos puntos de referencia, aunque haya más, por ser mis experiencias más cercanas.

El primer punto está en el paraje de Faya. Pasada la recta, después de Vega de Gordón, y poco antes del inicio de la cuesta que la carretera dibuja hacia un nuevo túnel, una desviación, sin señalizar, a la derecha, le conduce por un camino hasta una arboleda de chopos, con buenas sombras y mesas para el descanso y la comida, si desea hacerla de empañada, tortilla y porrón, en compañía. Quienes decidan subir, lo harán por un camino trazado en una escombrera, restaurada en alguna medida, hasta el punto que les señalo a continuación.

El segundo punto de partida: ha de atravesar el pueblo de Santa Lucía y el túnel que conduce a la mina. Apenas pasado un notable desfiladero y una cuesta, a la derecha encontrará un almacenamiento de agua, antaño fosas de decantación, en cuyo final se encuentra el señalamiento para la subida. Tiene la ventaja de poder llegar hasta aquí en coche, hasta el punto que le cité antes. Un punto de confluencia, en definitiva.

No les cuento nada de la subida. Cuando esté en la cumbre se habrá dado cuenta de que mereció, y mucho, la pena. Recuperado el aliento junto a la cruz de hierro o la señal geodésica, mire ya en todas las direcciones: pueblos cercanos a los pies –hasta las agujas de la catedral capitalina con suerte-, cadenas montañosas, especiales formaciones geológicas –también la legendaria cueva con el mismo nombre del cueto-, un sinfín de sensaciones. Hasta las profundidades del cielo abierto, que, no cabe duda, afean el escenario. Pero es inevitable la pregunta: ¿sabían que el único Patrimonio de la Humanidad de estas tierras son las ruinas mineras romanas de Las Médulas?

Las sensaciones le pertenecen. A servidor le resultan siempre una bocanada de frescura y de belleza.

*Alfonso García es escritor, crítico literario, viajero y colaborador del Diario de León

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