Pantano de riaño, el mar de agua dulce que lloró un valle

Cuentan que sus antiguos moradores iban en romería pidiendo agua. Tanto suplicaron, que el valle se anegó y ahogó la vida, la historia y el recuerdo de nueve pueblos que yacen bajo el mar de agua dulce que lloró un valle. El agua embalsada en Riaño ha creado un paisaje mágico, un espejo inmóvil en el que se reflejan como espejismo los viejos picos que sobrevivieron al desastre. Los montes son ahora playas y el río empantanado ha formado golfos de tanta belleza que la zona ha dado en llamarse los Fiordos Leoneses. En ellos navegan barcos que surcan el océano leonés entre Riaño y el Valle de Anciles, por encima de caminos y carreteras, de surcos de vida que ha dado otra vida, de los restos del naufragio.