El valle del silencio, el lugar sagrado

Dicen que el eremita, harto del estruendo del río, salió de su cueva y gritó. Y que el torrente guardó silencio para que san Genadio pudiera rezar a Dios y pedir a los hombres. Fue lugar sagrado, refugio de ermitaños y anacoretas, patria de santos milagrosos que vivían apartados del mundo en cuevas excavadas en riscos, retiro espiritual de hombres en busca de alma que predicaban otra fe y vivían en otra verdad. Sobrecoge su paisaje, indómito, libre, desbordado de naturaleza. Es el corazón de la Tebaida Berciana, a la sombra de los Montes Aquilanos, el territorio en el que se alza Peñalba de Santiago y su belleza en piedra, madera y pizarra, arquitectura divina en el lugar donde la tierra guarda silencio por orden de un monje asceta.