LUGARES FIGURADOS | LUIS CARNICERO, arquitecto y poeta
Altares

LUIS CARNICERO
A veces te imaginas hace miles de años —distintas sendas, pero misma Luna o mismo Sol— abstrayendo símbolos del paisaje, y te preguntas cómo hubieras dejado entonces constancia en él de tu finitud, de tu respirar amenazado, de tu vagar constante y de lo Oculto metamorfoseado en mitos.
Sí, cómo lo habrías hecho observando el cielo sin coordenadas; sin saber del Viento; ante peligros, bajo tormentas, aprendiendo la voz del Agua; soñando echar raíces y sentirte Brote… Tierra y Fuego transformándose, diciendo adiós.
Y aquí, en Peña-Fadiel, en la Somoza, tras andar un camino de tierra que sale a la izquierda, antes de llegar a Filiel desde Lucillo, solo ante la cumbre del dios-de-los- campos, encontraste respuestas mirando dos losas de roca moraliza, con insculturas, petroglifos de principios de la Edad de Bronce. Y te sorprendiste pensando que grafiabas tu propio ser y tu lugar con sombras, en lo profundo, como grafían los suyos con luces, en lo alto, los astros y las estrellas.
Parecías inmerso en una liturgia de recreación: concibiendo signos como refugio, recorridos y números, principio y multiplicidad dentro de tus mismos ojos; erigiendo? constelaciones a partir de un punto, primera forma; horadando cazoletas como pequeños pozos de tránsito, úteros mínimos; intuyendo el diseño de laberintos de camino único a partir de un eje con nervaduras como de hoja, con niveles, como hace el árbol; comprendiendo el porqué de grabar surcos y haces de líneas que confluyen semejando cauces, reflejos del propio monte; entendiendo la inspiración de cincelar una cruz de brazos iguales: tú mismo en cruz sobre el horizonte.
Estabas abierto de brazos ante las piedras talladas y el perfil del Marti Tilenus —dos altares— pensando en la contemplación del Espejo perenne, del Monte Sagrado, desde otros lugares, acaso trazando círculos ante un verdadero Centro del Mundo, danzando sobre el Vacío en solsticios de nieve, haciendo Arte pleno, simple y hermético sobre la Sombra y sobre la Luz, errabundo, ante lo Divino, ritualizando la Vida y sacralizando la Muerte.