Diario de León

LUGARES FIGURADOS LUIS CARNICERO, arquitecto y poeta

La mano sobre la roca

LUIS CARNICERO

LUIS CARNICERO

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León

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En el prodigioso Bierzo, tras cruzar el río Cúa, llegas a Vega de Espinareda, y a Sésamo, pueblo contiguo. Desde su iglesia, vas por un camino negro —mal arreglado con carbón— hacia el farallón rocoso de Peña Piñera, una estribación de Los Ancares, en busca de los abrigos rocosos que esconden numerosas pinturas rupestres, esquemáticas, datadas como de la etapa que discurre entre el Calcolítico y principios de la Edad del Hierro.

Tomando la dirección de Fuente La Castaña, asciendes entre masas de bosque hasta que aparecen ante ti, conmoviéndote, volumetrías cúbicas asombrosas. Pues si gozoso es el ir descubriendo las representaciones pictóricas, lo es tanto la sorpresa de contemplar el espacio donde fueron hechas, la impresionante escultura metafísica natural creada por las maclas descarnadas de cuarcita tabular.

Sobre ellas ves geometrías dispersas, itinerarios, figuras y huellas, entramados, composiciones másicas… sin intención de perspectiva, que te parecen formas perceptuales, no de imitación, sino de posesión. Colores rojos oxidados entre verdes, blancos, ocres, azules, morados: bellísimo lenguaje de puntos y líneas frente a planos cárdenos, desvanecidos, cobijados bajo cortinas? triédricas.

Porque, aunque sean los motivos de tales manifestaciones —aún sin acertar a descifrarlas— cultos, ritos, marcas de territorios; o figuraciones objetuales, vegetales, antropomorfas, zoomorfas… lo trascendente no es el significado sino pensar, desde la pura visualidad, que ya en la prehistoria el ser humano establecía vínculos espirituales con la naturaleza simplificándola en siluetas —primero realistas, luego abstractas— con ritmos y superposiciones ideográficas que ya aventuraban la escritura. Pues expresan constantes sígnicas unitarias, y son arte porque esconden incitaciones emocionales, concepciones de la realidad, y acaso leyendas.

¡Ah, el afán del hombre y de la mujer —puestas sus manos sobre la sangre, y perfiladas luego en techos de cuevas— por recorrer con su dedo untado con pigmentos la línea y la esencia del perfil del mundo!

Aún en la mañana, subes al mirador que domina el Valle, y sientes el gesto de tu propia mano desmaterializada, cercana al dedo de Dios, posada sobre la roca.

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