De viaje a
fresno de la vega
De sus vastos terrenos dedicados a la agricultura, una gran parte de ellos tienen como rey al pimiento. Entre todos gestan unas 800 toneladas cada año, según confirma su alcalde, Antonio Lozano La Feria del Pimiento, que acaba de ser declarada de interés turístico provincial, el Corpus, las piscinas municipales o su iglesia son parte de los atractivos que hacen grande a esta localidad

La Feria del Pimiento Morrón de Fresno de la Vega se celebra cada año a finales del mes de septiembre. Al margen de los puestos de venta de pimientos, el otro gran atractivo es la pimentada para todos los asistentes que suelen organizar el domingo. La loc
C omo otras tantas localidades de la provincia, Fresno de la Vega vive un letargo silencioso y expectante durante los meses fríos a la espera de una etapa más cálida que haga renacer sus calles y plazas. Pero no se engañen, la actividad aquí no cesa, ni en sus tres principales empresas ni tampoco en el día a día más íntimo y personal de cada uno de sus habitantes. Una ventana a la que merece la pena asomarse de vez en cuando. Una historia menos llamativa, pero igual de interesante.
Al margen de su fiesta por excelencia —la del pimiento en septiembre— los vecinos de Fresno celebran por todo lo alto el Corpus y San Isidro Labrador, dos citas que remarcan parte sus raíces, muy vinculadas al campo y a las tradiciones cristianas. Son muchos los que aún mantienen su residencia habitual allí, pero casi más los que regresan puntuales en cuanto asoma la etapa estival. Un tiempo en el que sus piscinas e instalaciones municipales se llevan la mayor parte del éxito. «La de Fresno —dicen quienes mejor la conocen— es una de las pocas piscinas al aire libre donde el agua está siempre caliente».
De sus vastos terrenos dedicados a la agricultura, una gran parte de ellos tienen como rey al pimiento. Entre todos gestan unas 800 toneladas cada año, según confirma su alcalde, Antonio Lozano. Pimientos que, junto a otros manjares de la huerta leonesa, venden sobre todo durante su fiesta de finales de septiembre. Hasta allí se desplazan cientos de turistas de numerosas localidades para llevarse las mejores piezas. De hecho es habitual que las existencias se acaben en pocas horas. Una jornada cargada de simbolismo que acaba de ser declarada de interés turístico provincial. «Supone todo un impulso y un reconocimiento a esta muestra tan relevante», señalan desde el Ayuntamiento. A la venta de pimientos se suma la gran pimentada del domingo para todos los asistentes.
A quienes gusten de contemplar el patrimonio cultural más autóctono, no les disgustará la iglesia del pueblo, de estilo mudéjar, ni tampoco algunas construcciones rurales que recuerdan el modo de vida de sus gentes durante tantos años. La gastronomía local y sus actividades culturales son dos atractivos más que bien merecen la visita en cualquier momento del año.