Explorando la diversidad
‘La Costana’ de la vendimia 2015 que llega al mercado ahora es la tercera elaboración —fue experimental la de 2012 y limitada la de 2014— de un vino que marca un ampliado horizonte para los tintos de Gordonzello.. De la mano trae un rosé que abunda en esa diversidad.

El gobierno municipal, entonces y ahora encabezado por Urbano Seco, lideró en el año 1995 una iniciativa singular. Aprovechando el proceso de concentración parcelaria aunó la voluntad de 101 vecinos de Gordoncillo para aportar las 205 hectáreas que, plantadas en tres fases hasta 1998, constituyen hoy uno de los viñedos más hermosos y generosos de la provincia. Un nuevo esfuerzo financiero de la sociedad anónima permitió afrontar en el 2002 la construcción en el Alto de Santa Marina de unas instalaciones suficientes, dotadas de medios técnicos de vanguardia y a las que acaba de incorporarse el tren de embotellado más eficiente que existe en la provincia. En ese misma línea, la dirección de la bodega tiene ultimado ya y en fase de inmediata ejecución un proyecto de ampliación de la bodega que afectará no sólo a los aspectos funcionales, particularmente a lo relacionado con la crianza y el reposo de vino, sino sobre todo el estético y el de uso social. Porque la imagen y el enoturismo son también cuestiones prioritarias en una propuesta de sobresaliente desarrollo en lo que tiene que ver con la viticultura, la enología y la comercialización de sus vinos. Gondonzello es hoy, veintitrés años después de aquel sueño y de aquella apuesta audaz y valiente, la primera bodega por volumen de producción certificada por la Denominación de Origen Tierra de León. Pero no sólo por eso, que no es poco, sino también por calidad enológico. Y es, además, con un viñedo ya perfectamente consolidado, el gran proveedor de uva de la provincia.
En su ilimitada ambición, lanza la comercialización —y ésta fue la ocasión para ponerlo en escena— de una nueva elaboración muy en la línea de las exigencias de los mercados internacionales. Y celebra también la consolidación de otro vino que marca el camino a seguir en la conquista de la excelencia.
El Peregrino Rosé , un rosado pálido, de poco color y muy en la línea de los provenzales tan de moda en los mercados internacionales, llega ahora con un exigua producción (poco más de cuatro mil botellas), mayoritariamente destinada a la exportación y a la venta —el turismo marca tendencia— en la costa del Mediterráneo. Pero lo hace con la tentativa también de explorar el mercado local, después de cuatro años de experimentación enológica.
En otro vértice de ese misma inquietud enológica, el tinto La Costana es el resultado del aprovechamiento y la puesta en valor de la uva del paraje del viñedo del que toma el nombre y que, por su mayor calidad, se destinaba hasta ahora exclusivamente a la elaboración de los vinos de la gama de los llamados Peregrino con nombre propio , tintos con marcado carácter y más larga crianza. Lo que hay detrás de esta doble tentativa de la bodega, no contrapuesta sino complementaria, es la afirmación en la apuesta por las variedades autóctonas, la profundización en el estudio y conocimiento de las fincas desde el trabajo por separado y la diferenciación de las maduraciones para buscar el momento óptimo. En definitiva, un primer paso hacia la elaboración de vinos de finca porque, aunque las 205 hectáreas de viñedo puedan dibujar una idea de uniformidad, la realidad es bien distinta. Y esa diversidad es no sólo un gran patrimonio vitícola, sino el objetivo enológico.
Uno y otro vino suponen un salto cualitativo muy importante para la bodega, ya anunciado con la compleja elaboración del Kyra , un albarín que a partir del equilibrio en la uva de un viñedo muy sólido y su evolución explora su enriquecimiento con la fermentación y crianza de seis meses en barrica, y del nuevo Gurdos , alta expresión varietal de la Prieto Picudo a partir de una idea de elaboración tradicional y diferenciadora: el madreo... tan característico y exclusivo.