Diario de León

doNDE EL PAISAJE SE HACE HISTORIA

Erice fue un lugar sagrado para Élimos, ese pueblo rodeado de tantas incógnitas, fenicios, griegos, romanos, cristianos, normandos… Aún hoy las numerosas iglesias, que superan la treintena, algunas de visita recomendada como a San Giuliano, San Martino, San Pedro, Santa Úrsula y San Carlos

Castillo normando de Venus.

Castillo normando de Venus.

Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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Palermo, la capital de la isla italiana de Sicilia, es referencia inevitable para conocer buena parte de estas tierras. Salimos hoy de la ciudad para recorrer una centena de kilómetros por la costa noroeste, un recorrido por la auténtica belleza del paisaje, buscando Erice, el lugar ya mencionado por Virgilio en la Eneida, espacio de leyenda que forma parte de las citas imprescindibles de la isla. Créame si le digo que para mí una de las más bellas, ya inolvidable.

El viaje es una confirmación del protagonismo del paisaje, que se va suavizando con ligeras colinas y la presencia y la fortaleza inevitables del vino. Pronto también de la sal y el coral. Tome nota, porque los espacios explican inevitables realidades. El paisaje es el hombre y define en buena medida la cobertura de sus necesidades, de su economía o de sus aspiraciones. Se dará cuenta seguramente con mayor precisión a medida que ascienda por la carretera que serpentea las laderas —puede hacerlo también en funicular, desde Trapani—, del Monte San Giuliano, siempre importante faro para la navegación, con el mar como centro fundamental de la mirada.

Entro a Erice por la Porta Trapani, normanda —no olvide el adjetivo—, y recorro la Calle Vittorio Emanuele hasta Piazza Umberto. A uno y otro lado, con las correspondientes desviaciones, cada cual irá descubriendo las esencias del lugar, que multiplica considerablemente la población en verano debido a las playas cercanas y la suavidad del clima. Sigue siendo tierra de pastores, ganaderos y agricultores, con la tranquilidad como norma, salvo la presencia de turistas que cada día llegan en mayor número para gozar de la situación, de la historia, restaurantes, bares y tiendas. Al atardecer, cierta soledad lo convierte en un pequeño paraíso de los reinos del asombro.

Erice, cuya etimología guarda en sus entrañas la idea de monte, en su tiempo una importante ciudad ciclópeamente amurallada, fue un lugar sagrado para élimos, ese pueblo rodeado de tantas incógnitas, fenicios, griegos, romanos, cristianos, normandos… Aún hoy las numerosas iglesias, que superan la treintena, algunas de visita recomendada (San Giuliano, San Martino, San Pedro, Santa Úrsula, San Carlos, en la que se expone un Nacimiento durante todo el año, …), son el testimonio de su historia de misticismo y espiritualidad, siempre lugar de culto y advocación a las divinidades clásicas, especialmente a las diosas del amor y la fertilidad. Nada parece aquí más apropiado. Afrodita o Venus, según griegos o romanos, tuvo en estos espacios de altura culto especial, no exento de leyenda, por supuesto, casi como ordenan los cánones. Y es que en cuestión de templos clásicos, pocos lugares mejores que Sicilia, la Magna Grecia. Construidas las paredes del templo dedicado a Venus por Dédalo, conforme a una tradición legendaria, las sacerdotisas ejercían de prostitutas sagradas. Andando el tiempo, fue importante, sin embargo, la acción de la Inquisición, que perseguía la presencia de muchas brujas sicilianas, que buscaban por estos lares la planta mágica de la mandrágora. Como toda historia tiene su contrapunto, no es vano recordar que abundaron los monasterios, fundamentalmente durante la Edad Media. Uno de ellos, femenino, fue famoso por la elaboración de dulces, especialmente por los postres de almendra y, en menor medida, de mazapanes, secreto culinario que no se perdió en las brumas de la historia. Una pastelería sigue la angelical tradición, que el viajero no debería dejar de probar, especialmente los elaborados con almendras, aprovechando la ocasión. Añádase, sin ser golosos, más dulzura a este paisaje.

Todo lo encontrará caminando en el breve pero intenso reducto en que se asienta la población, de marcado urbanismo normando y ciertos aires árabes (el adorno florido de sus patios en mayo sigue siendo una nota de intensidad y color), con barrio español incluido, por puras razones históricas. Entre tanta riqueza, no puede dejar de ver la Catedral (il Real Duomo), construida con materiales del templo de Venus, cuyo interior, muy armónico, además de un precioso retablo de mármol, típico de la ciudad, ofrece un juego de arabescos y constituye un pequeño museo con notables estatuas de alabastro. Su particular campanario, separado del templo, es en realidad una torre de vigilancia —la torre del Rey Federico—, antigua atalaya construida durante las Guerras Púnicas en la lucha por el control del Mediterráneo. Y el castillo normando de Venus, por haberse levantado donde estaba el templo dedicado a la diosa, una imponente fortaleza en que destacan las torres que sirvieron de dominio de la zona y cuyos jardines de estilo inglés —«Giardini del Ballo— preceden a la entrada.

Completar el descubrimiento y el conocimiento corresponde a cada viajero. Sepa que Erice es hoy un tesoro arquitectónico perfectamente conservado. Callejones estrechos –algunos prácticamente intactos desde su origen—, patios y jardines, cúpulas de muy diversa condición, como la de la antigua mezquita, acantilados y espectaculares paisajes conforman este entorno único, por singular. Quien esto escribe buscó rincones que giraran todos los grados para atrapar la belleza escrita entre el mar y el aire. Y anotó cuatro, entre tantos posibles. El célebre promontorio detrás del que se esconde una de las playas sicilianas más hermosas, lugar deseado para el verano. La vista, a los pies, de Trapani, la capital de la provincia, famosa, entre otras cosas, por las salinas y los molinos de sal, y la población diseminada por la llanura, junto al mar. La Torre Pepoli, casi un equilibrio árabe sobre la roca, prácticamente a los pies del castillo. Y al fondo, San Vito lo Capo, con la impresionante mole rocosa del Monte Cofano.

Conocido Erice, la bajada le aportará nuevas sensaciones. Seguramente piense en que ciertos paisajes envueltos en la historia se hacen inolvidables. Quién sabe.

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