LUGARES FIGURADOS LUIS CARNICERO, arquitecto y poeta EL VERBO HABITADO (4)
Babel

LUIS CARNICERO
Partiendo de Cordiñanes, tomando la Rienda de La Sotín, con la vista puesta en el Cornión y en el barranco, ascendiste la senda tallada en roca caliza y, girando a la derecha, subiendo, atravesaste el hayedo donde hay raíces ensartando dudas y llora la piedra lágrimas negras.
Caminando hacia la Vega, tejiendo velos, mirabas atrás para ver cambiar los perfiles de Peña Santa y la Bermeja. Ibas paralelo a la riega, dejando a la izquierda Solano, intuyendo Collado Jermoso, contemplando escalones oblongos de lienzos verdes. El agua y los rebecos aparecían y desaparecían en el Argayo Congosto.
Al llegar al lago Bajero, ante girones de gris y pliegues de peñas como recién desgarrados —frisos, figurativos o abstractos— vislumbrabas otras torres, pero en tu visión parecía alzarse sola, inconclusa, la Torre del Friero. Ante su perfil, también aparición, construida y deconstruida, imaginaste deseos primeros: escuchar lo divino, coronar su cima leyendo la Nube.
El vuelo del buitre elevó el celaje y te atreviste a ascender al Horcado Chavida para acceder desde allí. Pero, hundiendo huellas, dejando latidos en canchales desérticos, oyendo rodar las piedras, viste el orden desdibujado por espirales. Se obstinaba la nieve en permanecer, confundiendo las sendas, desancladas de signos. Aparecían, incomunicadas, plataformas blancas y negras.
No pudiendo continuar, volviste sobre tus pasos para encaminarte, descendiendo, hacia al collado de la Padiorna. Se quedaban atrás el Llambrión y las Colladinas. Y fuiste a encontrarte con la vega del Liordes, inmensa belleza, indefinida también entre óvalos claros y matorrales borrosos Y, desde el casetón-refugio, caminaste hasta el alto de la canal de Pedavejo. Crujía lo blanco con desconciertos de sombras.
Se iba desplegando la noche, sigilosa, hacia Posada de Valdeón. Soledad pentagonal la de la Flor Violeta. Por la senda del Mercadillo llegaron juntas la dulzura y la lluvia. El horizonte era Hoguera aq?uietada; la tierra, nieve ascendiendo, avivando Luz sobre laberintos.
Y nombraste Babel, no soberbia, sino conocimiento. Y deseaste que el Verbo viniera a reconstruir, con palabras, el mundo en ruinas.