LUGARES FIGURADOS LUIS CARNICERO, arquitecto y poeta
La lengua de las cumbres

LUIS CARNICERO
En tu mente iluminaciones primeras. Caminando hacia cimas del Alto Esla, al alba, desde el pueblo de Horcadas, vas pensando en las montañas, en el Origen no creadas. Si un día estallaron en la oscuridad de la tierra, hoy son seres también, alturas-vacíos que pronuncian Formas-Palabra, universalidad después de Babel.
Con dirección al sur-oeste, hacia los puertos, asciendes por el bosque de robles prontamente esclarecido, descubriendo enseguida a tus espaldas el Gilbo y Peñas Pintas: él, morada-muralla, altar para el Fuego; ellas, pirámide centro, sacralizando las brumas.
Tras pasar la Retuerta y la riega del arroyo Bostraniego, sigues la senda de la Hoz de los Escalones, que acaso encubra espíritus de ángeles bajando y subiendo, voces-gesto de lomas con piedras brotando, y silencios que fluyen contigo hasta el manantial del alto de la Prada.
Pasando por las Peñas del Diablo contemplas perspectivas metafísicas, figuras abstraídas, arquitecturas talladas: espacios-retorcimiento de laberintos —imagen del mundo— que aguardan gozosos las gubias del Rayo.
Recorriendo el cordal de los picos, entre cantizales horadados y vuelos de buitres, coronas el Hato. Después, tras dejar collados tupidos de hierba, trepando y destrepando, asciendes al Pico de las Palabras -el Loto- donde te parece escuchar susurros de palos de lluvia. Y, siguiendo la crestería, llegas al Piedra del Agua entre bajo-relieves abigarrados de grisallas y signos.
La Nube esparce sombras en los pueblos alejados y en el espejo empañado del Pantano de Riaño, esfumando múltiples montes simbólicos; y hay patas de rebecos, agilísimas, sondeando inaccesibles aristas; y alas de mariposas diciendo clamores del aire.
Ya de regreso, descendiendo por el Valle Peña Llampa, amarillos-violeta armonizan gradaciones de flores. Cruzando la Hoz Oscura, atravesando portillas, cielo y tierra se unen revelando el arroyo: nombres sobre nombres ?borrosos renovando eternidades y claridades sonoras.
Y te parece contemplar, arte y ciencia fundidos, la naturaleza recreando el instante sagrado del habla. Y sueñas, propagado en la lengua ardiente de las cumbres, el diálogo del Agua, de la Luz y de la Roca.