LUGARES FIGURADOS LUIS CARNICERO, arquitecto y poeta
Mediación de la noche

LUIS CARNICERO
En el trayecto que hay al Morredero, desde Corporales, tu lugar preferido es la Esfinge que perfilan los caprichos de una pequeña isla de rocas. Junto a ella, en las Chanas, te sentaste e?n la Piedra enunciando el Mito, aguardando la Noche, esperando que volviera a mostrarte su mediación y su Enigma.
Rodeado por valles -el del Silencio, detrás- al noroeste moría la tarde, entre montes, como elevando reflejos de infinitas carqueixas, en un horizonte rayado por estrías superpuestas que tardaron en irse porque, al suroeste, pespunteaban lo oscuro estelas moradas.
Y, de pronto, entregada al olvido se deshizo la Nube. La Tiniebla se abrió a un purísimo azul-ultramar salpicado de ojos, con la Belleza y los símbolos que encierra el celaje.
Sintiéndote tierra, viste a la Luna revelar sus entrañas. Acaso en la “rueda del miedo” tú mismo eras esfera que fluye, y ella -también infancia, y plenitud, y decrecimiento, y ocultación- te recordó que venía a encarnarse. Hasta las urces parecían querer encenderse por ser cárdenas manos con las que exaltar tanta vida callada. Y, en torno a aquella hostia de sangre, el firmamento entero latía de Amor.
Circulo Rojo, totalidad; Amarillo encendido en triángulos de astros; cuadratura el Azul, y espiración pentagonal el desvanecido Violeta. Antagónico Marte, marcando lejanías, destellando a la Altura de la cima de Marti Tilenus que venía hacia ti perdonando Tormentas: lo atraía a su Sombra Saturno; Júpiter, Águila y Rayo, sentido y sonido... Y, a tu espalda el espíritu, Venus, deteniendo con su Verdad la prolongación del Abismo.
Soñando, leíste en el cosmos a Böhme, a Santa Teresa y a Nietszche. Acaso sonara el cuarto movimiento de la sinfonía tercera de Mahler: Oh, Hombre… A medianoche, el canto. Río, río… Sí, soñabas el Agua. Desnuda la Luna de su túnica grana -7 Fuentes tan cerca- viviste la ardiente ceguera, esperando escuchar la Palabra no dicha, alejado del sol, allí, en el Morredero, conociendo, muriendo a tu ser de Hombre, renaciendo a tu ser de Dios.