Diario de León

la tierra media

Las danzas son el patrimonio inmaterial más reconocido de Fornela pero su fortuna es mucho mayor. Este valle de pasado glaciar posee una naturaleza excelsa que se disfruta mejor desde lo alto. Se puede subir hasta rozar los 2.000 y comprobar el porqué de su idiosincrasia. De un lado es Bierzo; del otro, territorio astur y el punto de partida, Guímara

A un lado es Bierzo, del otro Asturias y en medio cumbres que rondan los 2.000 metros de altura. A vista de pájaro se ve el Miravalles y el Alto del Boquín. Desde La Estaca cualquiera parece pequeño. En el trayecto hasta lo alto hay refugios ideales para

A un lado es Bierzo, del otro Asturias y en medio cumbres que rondan los 2.000 metros de altura. A vista de pájaro se ve el Miravalles y el Alto del Boquín. Desde La Estaca cualquiera parece pequeño. En el trayecto hasta lo alto hay refugios ideales para

María Carro
Ponferrada

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E s preciso atravesar todo Fornela para llegar a Guímara. En el último pueblo de uno de los valles más espectaculares del Bierzo termina la carretera. Con la cicatriz aún hoy visible de lo que la Guerra Civil hizo con sus gentes —un monolito a la entrada recuerda a las víctimas— Guímara recibe a quien viene para quedarse —da igual cuánto tiempo— o a quien utiliza esta localidad como campo base, como punto de partida de una experiencia que a nadie deja indiferente. Para quien disfruta en la montaña, Fornela es un imprescindible.

Hasta el nacimiento del río Cúa, que surca todo el valle horadando montañas que rozan los 2.000 metros en los puntos más altos, llega una de las alternativas. El Miravalles, el Alto del Boquín y el Puerto de Cienfuegos son otras opciones de meta o de paso si el destino está más allá. Y más allá está Asturias. El concejo de Ibias se deja ver desde el Alto de la Estaca. Fornela es una tierra media, un punto en el que convergen el Bierzo y el territorio astur, pero también Galicia hacia la otra vertiente.

Es la ubicación de este valle de origen glaciar la que marca, en gran medida, la idiosincrasia de sus pobladores. Se nota en el habla, en las costumbres y en la arquitectura tradicional. Las danzas son el patrimonio intangible más identificativo de Furniella, como le llamaban antaño; pero su fortuna es mucho mayor, sobre todo paisajística, reconocida también como parte de la Reserva de la Biosfera de los Ancares Leoneses. Los castros prerromanos de Chano (Chan) y Trascastro (Trescastro) forman parte del legado que los antiguos habitantes quisieron dejar el presente y son especies como el oso pardo las que aportan aún más valor añadido a un tesoro casi virgen en algunos puntos.

Todavía quedan vestigios de su pasado minero en la parte más baja de recorrido que lleva hasta las cumbres que mandan en el valle y se ven aún techumbres de paja teitadas a mano a las puertas del Castro de Chano. En Guímara manda la losa. Pizarra que, como el carbón, sostienen los cimientos del Bierzo industrial. Fornela es, a fin de cuentas, un cúmulo de identidades que hay que descubrir sobre el terreno.

Poder contemplar, a vista de pájaro, lo que la inmensidad de este valle ofrece es un regalo que sólo la naturaleza concede. Quizás el desnivel no sea sencillo y llegar a rozar los 2.000 cueste más de un suspiro; pero el viaje a pie compensa y el balance mejora de vuelta a Guímara, cuando después de meter los pies en el río, suena la gaita en A Corte del Toro. La toca Gurka mientras prepara la brasa para poder disfrutar de un churrasco de primera. Ahí se nota la esencia fornela.

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