Diario de León

LUGARES FIGURADOS LUIS CARNICERO, arquitecto y poeta

Trampantojos en el cielo

LUIS CARNICERO

LUIS CARNICERO

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León

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Zarandeaba Viento la mañana, hosco-ceniciento, hijo de Sombra y de Huracán. Caminabas por La Baña con ecos de riadas de otras tierras. «El agua sólo sirve para estropear caminos»: lo oíste un día a alguien que parodiaba la tormenta, trasegando vino en la garganta. Pero, allí, en Cabrera Baja, aunque terca, sólo pudo presumir de lloviznar: aún a mediodía, uñas cristalinas arañaban cortinadas. Eso sí, como levitando desde el valle, acaso deseando ser brillo del espejo del Lago, reapareció Babuña, hija de Oscuro y de Humedad.

Peña Negra, Peña Trevinca, Peña Survia, el Picón… eran vacíos, estelas umbrías, vuelos detenidos, grises superpuestos, escocidos. Más allá de cimas, tiempo-espacio, y fugacidad, sentiste llamadas del Origen, reflejo-olvido de deseos, astros, lunas, soles… esperando que el horizonte de lo Alto -donde está todo- inclinara hacia ti su oído. Día en Noche transfigurado, Noche en Día aparecida, habitaste la intemperie-opacidad cernida sobre la iglesia-cementerio, reconstruyendo-ensoñando la Arquitectura degradada, la pizarra-escama de los tejados, el silencio de los corredores de madera, la música grafiada en las mamposterías desconcertadas de la piedra,? que así callan su pasado.

De regreso a Cabrera Alta, atardeciendo, en Quintanilla, el puente sobre el río Cabrera era esparadrapo sobre gasa deshilada. Hasta que, ascendido el Alto del Carvajal, cerca de Iruela -no importándote las cimas, Peña Aguda, Portillinos…- te detuviste a mirar atrás, hacia el oeste: el volar presentido se hizo realidad; la perspectiva fugada de un celaje triangular-humanizado desparramaba abismos sustituyendo al paisaje, recordándote que sostiene el universo, que en él existes tú de principio a fin, efímero.

E imaginaste ser cauce esperando la Nube, a caballo de sueños de agua, alumbrados. Contemplando, siendo piel de un primer cielo, atisbaste sobre ti la fragua encendida-rebrotada de otro cielo interior, corporeizado, que venía desde mucho más allá de las montañas, desde el no-lugar dual del trueno y de los astros donde la medida es vértigo. Una Luz, misteriosa y estallada, renacida, te acercaba el conocimiento, el espíritu de un paisaje idealizado, palpitante, abriendo-dibujando trampantojos en tu asombro.

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