custodio de una identidad
Puede parecer un simio, pero no lo es o, al menos, no es eso lo que simboliza. El ser de grandes dimensiones que se erige en la plaza del Ayuntamiento de Vega de Valcarce es la alegoría de un nacimiento, representa un parto. Concebido para ser parte de un conjunto etnográfico en la A-6, este viejo castaño reconvertido en obra artística tuvo que ser retirado por la expectación que causaba entre los conductores. Vega lo reclamó y hoy es una de sus señas de identidad; no en vano, a la identidad de la zona quiso hacer alusión

l. de la mata
M uchos lo han visto y otros tantos se han fotografiado con él, pero pocos conocen su historia. La última promoción turística del Consejo Comarcal del Bierzo subraya la existencia de 16 árboles tallados en la comarca, cada uno con su historia, cada uno con un significado propio, cada uno con una identidad y, entre todos, el gran simio de Vega de Valcarce. Simio porque así se le ha denominado en la ruta señalizada por la institución berciana. Simio que no es tal.
Creada por el artista Domingo González Carocos con la madera del árbol más idiosincrático del Bierzo, el castaño; esta talla de gran tamaño, que hoy se alza como espíritu protector del hórreo ubicado a su espalda en la plaza del Ayuntamiento de Vega de Valcarce, fue concebida para la autovía A-6. Allí se colocó, en el kilómetro 419, a la altura de La Portela y al lado de un conjunto etnográfico que incluía, igualmente, un hórreo. No obstante, la expectación que causaba entre los conductores que pasaban a su vera podía llegar a comprometer la seguridad de la vía, por lo que Fomento decidió su retirada incluso antes de inaugurar la misma, recuerda la alcaldesa de Vega, María Luisa González Santín. Ella misma solicitó la escultura para su municipio y hoy es una de las señas de identidad del mismo.
Precisamente, como seña de identidad, en este caso de Los Ancares, fue concebida la obra. No representa a un simio, ni siquiera puede asegurarse que su naturaleza es masculina. Se trata —explica la regidora de Vega de Valcarce— de «una alegoría al nacimiento de una nueva vía. Representa un parto». Así, a la altura de los genitales puede verse una segunda cabeza, la de un nuevo ser que nace.
Desde luego, la obra de Domingo González Carocos no deja indiferente a nadie y son cientos los peregrinos que conservan, en su diario de viaje, una foto o un recuerdo con este ser de grandes dimensiones que les recibe a su llegada a Vega, en pleno Camino de Santiago, con una colosal mano levantada hacia el cielo en posición de saludo. Su vigorosidad impresiona y apabulla a partes iguales, especialmente cuando se le mira de frente, desde abajo, como si quien observa no fuera más que un sujeto diminuto ante una inmensidad. Sentimiento que despierta, probablemente, de manera intencionada. No en vano ¿qué es un solo ser humano frente a la representación de un modo de vida, de una sociedad, de un territorio: Los Ancares. Una tierra ligada a la tierra, al campo, a la ganadería; unas gentes de manos gastadas por el trabajo, un paisaje de techos teitados, de lumbre a ras de suelo.
El mal llamado simio de Vega de Valcarce es más que un viejo castaño tallado por las privilegiadas manos de Carocos, más que una parte del patrimonio artístico que ahora quiere poner en valor el Consejo Comarcal del Bierzo, más que una talla. El mal llamado simio de Vega de Valcarce es la reivindicación de un modo de vida, reforzado por el hórreo traído de Laballós que se erige a su espalda.