Diario de León

PRIMERA CASA DEL GENIO modernista

Barcelona guarda como uno de sus grandes tesoros la Casa Vicens de Gaudí, en el distrito de Gracia, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco

El comedor es la estancia con más elementos decorativos y ornamentales.

El comedor es la estancia con más elementos decorativos y ornamentales.

Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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El viajero nunca ha de inquietarse si toma conciencia de que una ciudad no llega a conocerse del todo. No es para alegrarse, pero casi, puesto que las posibilidades desconocidas son un buen argumento para los descubrimientos inesperados que siempre amplían nuestros horizontes y expectativas. Es un aliciente más, máxime teniendo en cuenta que el viaje es siempre personal y las focalizaciones de la mirada, distintas. «Buena reflexión», me dice el amigo barcelonés Jordi Rico, que me acompaña. Ya sé que no es un halago, por supuesto, ni falta que hace, sino una constatación de que él, que apenas supera el medio siglo de edad, «barcelonés de toda la vida», como suelen decir los que presumen de legítimo arraigo, tampoco conocía la casa que visitamos, alentados por los amigos siempre generosos de Planeta, que nos propusieron una visita muy personalizada. Estamos ante el Gaudí inédito, para mí por supuesto, en la primera casa del genial arquitecto, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco.

Hablamos de la Casa Vicens (Carrer de les Carolines, 20-26), en el distrito de Gracia, barrio de la burguesía catalana, entonces núcleo independiente de Barcelona, con ayuntamiento propio. A pesar de que Gaudí hubiera trabajado con anterioridad en algunos proyectos de carácter industrial, esta es su primera casa-vivienda, levantada entre 1883 y 1885. El corredor de bolsa Manel Vicens i Montaner (1836-1895) encargó al entonces joven arquitecto su casa de veraneo, en la que desplegó todo su talento. La historia del edificio, como se puede suponer, es larga y variada, con no pocas vicisitudes, hasta 2014, año en que el giro pone la mirada en lo que es hoy y su proyección escalonada y meditada hacia el futuro. Adquirida ese año por MaraBanc, esta entidad de raíces familiares se entusiasma con la idea de su transformación –la restauración, muy concienzuda y estudiada, se cifra en cuatro millones y medio de euros— para recuperar y poner en valor el proyecto original de Gaudí, así como para dotarla de las condiciones necesarias propias de una casa museo del siglo XXI. El discurso museográfico también lo tienen claro quienes lideran el proyecto, con una programación interdisciplinar de cara al futuro. Abierta hace un año, sus planes se van cumpliendo con entusiasmo y eficacia.

Una casa de estas características, un monumento ya en este punto de su historia, evoca para este viajero no claves de entendimiento, que ojalá, sino sensaciones. Lo primero que le llama la atención, en un ambiente perfumado de modernismo, es la singularidad en el paisaje arquitectónico urbano. El edificio pertenece a su época orientalista. Gran profusión de decoración con azulejo cerámico, arcos mitrales, cartelas de ladrillo visto y remates en forma de templete o cúpula. La convergencia de inspiración y técnicas catalanas, islámicas, japonesas e inglesas se pierden en un oasis que predomina en la fachada, con abundancia de línea recta, una combinación de piedra y cerámica, inconfundible y llena de detalles fáciles de observar. «En la casa –me habla en voz baja Jordi Rico— se adivina un genio que proyecta aquí sus conocimientos».

No digo nada. Entramos en silencio, seguramente pendientes, al menos yo, de los impactos que nos esperan. Seguro.

Anticipo el mío. Una obra de arte total que suscita el diálogo inevitable de la comparación arquitectónica de cómo vivía una familia del siglo XIX en una casa como esta y cómo vivimos en la actualidad. Quizá sea muy simplista, pero es lo que hay. Es verdad que me cautivó la atmósfera, aunque subrayo cinco momentos especiales. Uno. El comedor, la estancia con mayor profusión de elementos decorativos y ornamentales (mobiliario, pinturas al óleo…). Dos. La sala de fumar, la verdadera joya de la casa, con la singularidad de piezas que cubren las paredes. Y el techo. Tres. Los baños, muestra de que fue pionera en el uso de agua corriente. Cuatro. La habitación con cúpula decorada con un trampantojo que reproduce una vista en contrapicado del cupulino que se eleva sobre la sala, en la cubierta. Cinco. La cubierta, la primera transitable de Gaudí, un verdadero mirador cuyas torres y cúpulas añaden a la belleza cierta intimidad.

Finalizo aquí este viaje de hoy, sin duda excepcional, un viaje interior diría. Si después quiere el contraste del exterior, de la calle, le recomiendo, sin perder de vista otras importantes muestras de la arquitectura en el trayecto, caminar hasta la Plaza Cataluña y Las Ramblas. Piérdase en el bullicio, otra manera de viajar. Los contrastes siempre ponen luz en el horizonte. Mi amigo Jordi Rico y servidor estamos de acuerdo.

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